Ratas y ratones en casa: la plaga que empieza por un agujero tapado a medias
Un técnico de una empresa de control de plagas explica por qué la espuma de poliuretano no alcanza, qué rincones de la casa funcionan como puerta de entrada sin que nadie los vea y cómo limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado.

Llego a la casa de Norma con la libreta en la mano y la del fontanero todavía en la cabeza. Norma tiene 54 años, vive en un chalé de los años setenta a tres cuadras de la plaza, y me abre la puerta con la advertencia de siempre: "Vos vas a ver el agujero, pero te juro que lo tapé tres veces". El agujero es el mismo. La masilla, también. Lo que cambió es que esta vez la rodearon con una malla metálica finita, casi invisible, y por ahora la cosa se sostiene. Lo que cuenta el responsable técnico de la empresa de control de plagas que la asesina coincide punto por punto con la escena que tengo delante.
Porque tapar un agujero no es lo mismo que cerrarlo, y esa diferencia es la que separa una casa tranquila de una infestación que vuelve cada dos por tres. El material más usado, la espuma de poliuretano, sirve para rellenar, pero tiene un problema concreto del que poco se habla: los roedores la roen. Para que el cierre funcione de verdad, el sellador tiene que ir combinado con una barrera física, ya sea malla metálica o lana de acero, y recién encima va la masilla. Sin esa capa extra, el trabajo queda a medias y el ratón vuelve a entrar por donde lo echaron.
Los puntos de entrada que la mayoría pasa por alto
Los agujeros visibles son la parte fácil. Lo complicado son los accesos que uno naturaliza y deja abiertos sin darse cuenta. El técnico enumera los más frecuentes, y al escucharlo uno repasa mentalmente la propia casa: burletes deteriorados bajo las puertas, vegetación pegada a la fachada que funciona como puente, cajas de cartón apiladas en depósitos o garages, pequeñas fugas de agua que mantienen la humedad y atraen, y el plato de comida de la mascota que queda al alcance durante la noche. Una vivienda puede estar limpia y ordenada y sufrir una infestación igual, si alguno de esos puntos queda libre. La limpieza, dice, es necesaria pero no suficiente.
Por qué los remedios caseros no resuelven el problema
En las redes circulan soluciones que, en el mejor de los casos, dan una sensación temporaria de control. La menta y el vinagre no repelen de forma sostenida. Los aparatos de ultrasonido no atraviesan paredes ni muebles, y los roedores se acostumbran al estímulo con el paso de las semanas. Las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado, pero no sacan el foco. Las trampas adhesivas, además, generan un sufrimiento que no resuelve nada. Ninguna de estas alternativas reemplaza el trabajo de base: encontrar los puntos de entrada y cerrarlos como corresponde.
El paso a paso para limpiar excrementos sin contagiarse
Cuando ya hubo presencia de roedores, la limpieza no es una limpieza más. Es un procedimiento con protocolo, y saltarse pasos tiene consecuencias que la mayoría no conoce. Hay que ventilar el ambiente como mínimo treinta minutos antes de entrar, ponerse guantes y protección respiratoria, humedecer los excrementos con un desinfectante adecuado, esperar a que el producto actúe y retirarlos con papel, sin tocarlos directamente. Lo que jamás hay que hacer es barrer en seco ni pasar la aspiradora: ambas cosas levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin que uno se dé cuenta.
La advertencia cierra con un dato que a mí, personalmente, me hace mirar la escoba con otro cuidado: los roedores transmiten enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, y arrastran parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros. Si los rastros se repiten o se sospecha que el foco está en la red cloacal, lo razonable es llamar a un servicio profesional. Norma, mientras tanto, me muestra la malla metálica con orgullo de alumna aplicada. "Mirá", me dice, señalando el zócalo del comedor, "esta vez lo hice bien". Y uno quiere creerle, porque del otro lado del tabique la diferencia entre vivir tranquila y vivir pendiente empieza, literalmente, por un agujero.
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