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Roblox, la plaza digital que los chicos ya eligieron: cómo acompañar sin prohibir

La plataforma cumplió veinte años y concentra millones de experiencias creadas por usuarios. La periodista Julieta Schulkin investigó cómo funciona por dentro y advierte que la prohibición ciega solo empuja a los chicos hacia otros espacios similares. Una guía para entender la economía de los Robux, los riesgos reales y los ajustes de configuración que pueden hacer las familias.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 2 min de lectura
Roblox, la plaza digital que los chicos ya eligieron: cómo acompañar sin prohibir

El primer sábado de octubre, en una plaza del conurbano bonaerense, un grupo de chicos de entre diez y catorce años se sienta en un banco con el celular en la mano. No esperan el colectivo ni hablan de fútbol: comentan, con la misma naturalidad con la que se habla de un truco en la calle, la última experiencia que desbloquearon dentro de Roblox, la plataforma que acaba de cumplir veinte años y que sigue siendo, según todas las mediciones disponibles, el patio de juegos digital preferido por los chicos argentinos. Yo los miré un rato largo y me pregunté cuántas familias saben, de verdad, qué hacen sus hijos ahí adentro.

Roblox no es un juego en el sentido clásico. Es una plataforma que aloja más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y por empresas, desde mundos parecidos a aventuras gráficas hasta simuladores sociales donde los chicos se encuentran, charlan y, en muchos casos, ocupan el tiempo que antes se destinaba al potrero, a la esquina o a la plaza. Esa es la que la periodista y divulgadora Julieta Schulkin considera la distinción clave para cualquier padre que esté pensando en acompañar a su hijo en el uso de la tecnología.

Prohibir sin entender solo desplaza el problema

Schulkin dedicó una investigación entera a desarmar el mecanismo interno de la plataforma, y su primera advertencia apunta a un movimiento que muchas familias hicieron en los últimos años: la prohibición directa, muchas veces sin haber abierto siquiera una vez la aplicación. "Hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox y la sensación era que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien", me dijo durante la entrevista. Y completó la idea con una frase que resume el corazón del asunto: si a un chico se le cierra esa puerta, lo más probable es que migre hacia otra de diseño muy parecido.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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