Tom el Lagarto, el descarte que se le escapó a Disney y terminó salvando la campaña de Hoppers
Pixar apostó por un gag que el estudio no quería mostrar, lo escondió en los créditos de Elio y un espectador lo subió a YouTube: lo que sigue es la historia de cómo un personaje secundario se volvió el fenómeno viral del año.

A veces las mejores historias de Hollywood no nacen en una sala de juntas sino en el hueco que queda entre dos renders. Y la de Tom el Lagarto bien podría ser una de esas. Como cuenta quien lo vio de cerca, el equipo de Pixar sospechaba desde el arranque que aquel secundario con cara de pocos amigos, un lagarto que machaca un botón y repite LAGARTO sin cesar frente a una voz robótica, tenía algo que nadie podía nombrar pero todos reconocían: era gracioso de un modo nuevo, un humor físico, casi absurdo, que se pegaba al oído como una canción molestísima que uno no puede dejar de tararear.
La película Hoppers, estreno de Pixar para 2026, llegó a las salas precedida por una rareza: un clip que Disney no quería usar para venderla y que, sin embargo, terminó haciendo todo el trabajo sucio del marketing. Cuando los creativos propusieron sumarlo a la presentación oficial de la D23, la propuesta fue rechazada de plano. El propio director Daniel Chong lo contó en la View Conference con una honestidad desarmante: "No les culpo, porque si estás tratando de vender esta película... Quiero decir, yo no querría usar un lagarto para promocionarlo. No salen castores en esto, y Tom realmente no sale demasiado en esta película."
Un escondite perfecto y un espectador demasiado curioso
Entonces la productora Nicole Paradis Grindle hizo algo que en cualquier manual de marketing figura como error: ordenó terminar el clip en los huecos libres del cronograma principal y lo mandó a esconderlo al final de los créditos de Elio, la película previa del estudio. El cálculo era que casi nadie llegaría hasta ahí y el material quedaría archivado como una curiosidad interna. No contaron con que, en algún cine del mundo, un espectador se quedara sentado hasta el último segundo, lo grabara directo desde la butaca, lo subiera a YouTube y desatara una cadena de reposts que todavía no se detuvo. Remixes en varios idiomas, cosplays caseros, cuentas de fans dedicadas y, sí, gente que se tatuó al personaje en el antebrazo.
“Crear un meme no es algo que se pueda planificar. Pero este fenómeno abrió los ojos al departamento de marketing de Disney y Pixar a nuevas posibilidades de cómo crear una consciencia de marca para películas originales.”Nicole Paradis Grindle, productora de Hoppers
El caso deja a Pixar ante un espejo incómodo. En los últimos años el estudio apostó fuerte por secuelas y franquicias conocidas, y Hoppers representa justo lo contrario: una historia original que, en un contexto adverso, encontró visibilidad masiva sin apoyarse en ninguna marca previa. La pregunta que sobrevuela hoy al edificio de Emeryville es si ese camino puede repetirse o si Tom el Lagarto fue simplemente un accidente afortunado que ningún memo corporativo podrá replicar a pedido. Personalmente, cada vez que lo veo en pantalla se me dibuja una sonrisa pavota: hay algo profundamente democrático en que un personaje descartado termine siendo más elocuente que cualquier campaña millonaria, y eso, creo, es la clase de lección que un estudio pierde si deja de prestarle atención a quienes todavía se quedan hasta el final de los créditos.
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