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Treinta kilómetros de pozos en la Ruta 40 neuquina: un viaje que se hace despacio, con los ojos bien abiertos

El tramo entre Junín de los Andes y Zapala acumula un deterioro severo que se agravó con las últimas lluvias y que ya les pasó factura a varios conductores.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 3 min de lectura
Treinta kilómetros de pozos en la Ruta 40 neuquina: un viaje que se hace despacio, con los ojos bien abiertos

Son las diez de la mañana y el termómetro en la estación de servicio de Junín de los Andes marca cuatro grados bajo cero. El playero termina de cargar nafta y mira de reojo la cubierta delantera derecha. "Yo no iría por la 40 hasta Zapala con esa goma tan gastada", dice, mientras limpia el parabrisas con un trapo húmedo. Tiene razón: del otro lado de la ventanilla, la calle que sale del pueblo empieza a contar una historia que, me adelanto, no termina bien.

Quien tenga pensado recorrer la Ruta Nacional 40 en la zona neuquina debe saber que el tramo entre Junín de los Andes y Zapala, en la provincia de Neuquén, arrastra unos treinta kilómetros de calzada seriamente deteriorada. Los pozos son numerosos, de dimensiones considerables y, en muchos casos, imposibles de esquivar sin reducir la velocidad al mínimo. La novedad es que las lluvias recientes los llenaron de agua, así que hoy es prácticamente imposible calcular la profundidad del hueco antes de caer en él.

Un problema viejo que las últimas lluvias empeoraron

El deterioro no es nuevo. Los viajeros que conocen ese corredor coinciden en que la ruta viene castigada desde hace tiempo y que el agua acumulada en los pozos se convirtió en un riesgo adicional: tapa la profundidad real del bache y hace que el golpe sea más brusco e inesperado para la suspensión y las cubiertas. María, vecina de Zapala de 54 años, lo resume mientras llena el tanque de su camioneta: "Cada vez que vuelvo de Junín reviso los neumáticos en el lavadero. Un pozo me destrozó una cubierta el verano pasado y casi pierdo la rueda". No es un caso aislado.

Los reportes que se repiten entre quienes frecuentan el tramo mencionan cubiertas reventadas y roturas mecánicas de distinto calibre. Algunos conductores confesaron, ya en la confianza del mostrador, que directamente suspendieron sus próximos viajes en auto por el estado de las rutas del área, y en la lista de corredores con problemas aparecen también la Ruta Nacional 52 y la Ruta Nacional 51, dos trazas que eluden, pero no demasiado, el peor tramo de la 40.

Algunas claves para no llegar a destino con el auto en grúa

  • Circular de día y a velocidad moderada, condición sine qua non para ver los pozos con la anticipación suficiente y poder esquivarlos.
  • Llevar una rueda de auxilio en buen estado y revisada antes de salir, porque es casi lo único que rescata una jornada cuando la goma revienta.
  • Anotar el número de auxilio mecánico de la zona antes de arrancar, especialmente en tramos donde la señal del celular es mala o directamente nula.
  • Consultar el parte meteorológico antes de viajar: con lluvia reciente, los pozos se llenan de agua y el riesgo de daño se multiplica.

La Ruta 40 en Neuquén es un corredor muy usado para llegar a destinos turísticos de la región, sobre todo de cara a la temporada estival. El avance del verano puede traer más caudal de tránsito sobre una calzada que ya muestra daños acumulados, lo que vuelve prudente planificar paradas, cargar combustible con margen y, por qué no, aceptar que el viaje se va a hacer más lento de lo previsto.

Cuando vuelvo a pasar por la estación de servicio, el playero todavía está ahí, charlando con un camionero que viene desde el sur. Los dos miran hacia la ruta como quien mira un viejo conocido del que no se fía. "Cuidate los neumáticos", me repite el playero, y uno se va con la sensación de que esos treinta kilómetros son una suerte de peaje invisible que nadie cobró, pero que igual se paga: en cubiertas, en amortiguadores, en paciencia.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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