Un coágulo que se puede prevenir: las señales que el cuerpo avisa antes de que sea tarde
Una trombosis venosa comienza con síntomas que suelen subestimarse. El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco repasa los cuatro signos físicos que hay que aprender a reconocer y las etapas de la vida en las que el riesgo crece, desde los anticonceptivos hasta el posparto y la menopausia.

La escena se repite en cualquier pueblo de la Argentina y, sin embargo, pocas veces se le presta atención. Una señora se toca la pantorrilla mientras hace la cola en la farmacia y le comenta a la que tiene al lado que le duele desde hace dos días, que se le hincha y que nota la piel más caliente. La vecina le dice que es nada, que habrá caminado mal. Pero esa conversación de vereda puede ser, literalmente, la diferencia entre llegar a una consulta a tiempo o terminar en una guardia con una embolia pulmonar. Yo lo pienso cada vez que escucho una queja así, porque a esa misma edad, con los mismos años encima, muchos creen que un dolor de pierna es solo un dolor de pierna, y no siempre es así.
La tromboembolia venosa aparece cuando se forma un coágulo en una vena profunda, casi siempre en las piernas. Si ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, la complicación se vuelve potencialmente mortal y la consulta tiene que ser de emergencia. Por eso los especialistas insisten en que reconocer las primeras señales cambia por completo el pronóstico.
Las cuatro señales que el cuerpo suele dar antes
- Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo.
- Hinchazón, generalmente de un solo lado.
- Cambio en el color de la piel: zona enrojecida, azulada o más oscura de lo habitual.
- Sensación de calor localizada en el sector afectado.
El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco aclaró que ninguno de estos signos confirma un coágulo por sí solo, pero sí justifica una consulta inmediata para descartarlo. Del mismo modo, hay síntomas que ya no dan margen a esperar un turno: dificultad para respirar de manera súbita, dolor en el pecho que se intensifica al inhalar, tos con sangre o pérdida de conocimiento son motivos para llamar a emergencias sin demora, porque pueden indicar una embolia pulmonar en curso.
Quiénes cargan más riesgo sin saberlo
Algunos factores se conocen de sobra y otros se subestiman. Haber tenido un coágulo anteriormente, tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia, fumar, pasar períodos largos con movilidad reducida (después de una cirugía, un viaje extenso o una internación) y convivir con diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer elevan la probabilidad de forma significativa. Lo Monaco lo resumió con una idea que vale la pena repetir: "La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien".
Tres momentos de la vida de las mujeres que merecen atención extra
- Anticonceptivos hormonales con estrógeno: el riesgo es bajo para la mayoría, pero existe y se potencia con otros factores.
- Embarazo y posparto: el cuerpo activa mecanismos para evitar el sangrado excesivo durante el parto y eso aumenta la tendencia a coagular.
- Terapia hormonal para la menopausia: cuando incluye estrógeno, también puede elevar el riesgo según la historia clínica.
El especialista recordó que los riesgos no son fijos a lo largo de la vida: el embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios de movilidad pueden modificarlos, y por eso el consejo más adecuado varía de persona a persona. Quienes tengan antecedentes propios o familiares de problemas de coagulación son, justamente, quienes más deben hablarlo con su médico antes de empezar un anticonceptivo, planificar un embarazo o evaluar una terapia para la menopausia.
Vuelvo entonces a la señora de la farmacia y a su vecina. Si aquel día, en lugar de un suspiro tranquilizador, alguien le hubiera dicho "andá a la guardia y que te revisen", capaz la historia hubiera sido otra. Y eso es, en el fondo, lo que vale de esta nota: que nadie minimice un dolor que el cuerpo repite, que nadie le quite importancia a una hinchazón que no estaba ahí antes, y que cada uno se haga cargo de los propios riesgos antes de que sea el cuerpo el que los haga visibles. Porque en los pueblos, como en las ciudades, la diferencia entre un susto y una tragedia muchas veces se juega en esa pequeña conversación que decidimos tener o dejar pasar.
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