Bajar de peso no es solo cuestión de dieta: por qué hace falta pensar también en lo emocional
Factores genéticos, psicológicos y del entorno condicionan la relación con la comida y la posibilidad de sostener un tratamiento a largo plazo. La OMS recomienda un abordaje que combine alimentación, ejercicio y contención profesional.

Desde hace meses vengo conversando con gente que pelea cuerpo a cuerpo con la balanza y se frustra porque nada les cierra. Mujeres y hombres de entre cuarenta y sesenta años que prueban dietas restrictivas, bajan cuatro kilos y al mes siguiente los recuperan, y entonces se convencen de que el problema es una cuestión de falta de voluntad. Sin embargo, lo que cuenta la evidencia que se viene acumulando en los últimos años es bastante más complicado que esa mirada: bajar de peso no depende únicamente de comer menos y moverse más, y cuando el tratamiento se limita a una planilla con alimentos y una rutina de ejercicios sin contemplar lo emocional, los resultados se vuelven difíciles de sostener en el tiempo.
Lo que dice la evidencia más reciente
La Organización Mundial de la Salud, en sus documentos sobre obesidad, sostiene que esta condición surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica y las influencias ambientales y psicosociales que atraviesan a cada persona. Por eso el organismo recomienda una atención multimodal que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, adaptadas a las necesidades de cada paciente y no a un molde único. En la misma línea, la Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento requiere un abordaje prolongado, orientado a cada persona, que combine alimentación, actividad física y acompañamiento psicológico.
Qué se sabe sobre la genética y el metabolismo
La carga genética también tiene un papel concreto y muchas veces subestimado. Ciertas variantes genéticas influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, y otras intervienen en el metabolismo, es decir, en la forma en que el organismo usa y almacena energía. Estas diferencias ayudan a explicar por qué dos personas que siguen planes alimentarios prácticamente idénticos pueden obtener resultados muy distintos, y por qué la comparación con el vecino o con el compañero de gimnasio suele terminar en desaliento más que en una referencia útil.
El estado de ánimo y el nivel de cansancio afectan de manera directa la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación. Frente a un episodio en el que alguien se sale del plan previsto, una respuesta rígida puede generar la sensación de haber perdido el control por completo, lo que en algunos casos deriva en comer de forma desinhibida y en la impresión de que todo el esfuerzo anterior se fue al tacho. Una respuesta más flexible, en cambio, permite reconocer ese traspié sin interpretarlo como el abandono total del proceso, y por eso se la considera una herramienta central dentro de los enfoques conductuales.
- La OMS recomienda un abordaje que combine acompañamiento conductual, nutricional, psicológico y médico, ajustado a cada persona.
- Un metaanálisis que revisó 37 estudios, incluyendo 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a tratamientos convencionales en el manejo del peso.
- La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en Obesity Reviews.
- Ciertas variantes genéticas condicionan cómo se regulan el hambre y la saciedad en el cerebro y cómo el organismo utiliza y almacena energía.
- El estado emocional y la calidad del sueño influyen en las decisiones cotidianas vinculadas con la comida.
Por eso insisto, como cada vez que acompaño a alguien que está arrancando un proceso de estas características: bajar de peso no es un examen de matemáticas en el que solo se premia al más constante. Es una construcción larga donde intervienen genes, emociones, cansancio y también el entorno. Y precisamente porque son muchos los factores que se cruzan, los especialistas vienen recomendando con más fuerza que las estrategias puramente dietéticas empiecen a quedar atrás y que se mire al paciente completo, con su biografía, sus horarios y sus ganas. Esa mirada, que integra lo que se come con lo que se siente, es la que hasta ahora mostró mejores resultados a la hora de sostener los cambios en el tiempo.
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