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Chacarita tiene una isla sin pantallas donde la música se escucha de pie y sin teléfono

En un galpón de 540 metros cuadrados sobre la calle Roseti, Gonzalo Solimano armó un templo del sonido analógico con parlantes de los años cincuenta, sesiones de house y un ritual cada vez más raro: escuchar un álbum entero, de principio a fin, sin mirar el celular. Este domingo, además, cierra allí la octava edición porteña del festival MUTEK.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 5 min de lectura
Chacarita tiene una isla sin pantallas donde la música se escucha de pie y sin teléfono

Son las nueve de la noche de un jueves cualquiera en Chacarita y, en un galpón de 540 metros cuadrados sobre la calle Roseti 93, la gente no mira la pantalla del teléfono. Está de pie, un poco amontonada, mirando hacia el centro de la sala donde dos bafles enormes, de madera oscura, vomitan un disco de Pink Floyd sin pausas, sin notificaciones y sin la tentación de chequear un mensaje. Uno se olvida, de a ratos, de que está en Buenos Aires: la luz es baja, el aire huele a madera y a equipo caliente, y la música suena como si viniera de otra época, justamente porque viene de otra época. En esa esquina del barrio, desde 2015, funciona Artlab, un espacio dedicado a la música electrónica y al arte audiovisual que su director, el DJ y productor Gonzalo Solimano, pensó alrededor de una colección muy particular: ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7 fabricados en 1954, piezas de las que, según me cuenta el propio Gonzalo, hay indicios de que salieron de un cine porteño emblemático, aunque esa procedencia todavía no se pudo confirmar del todo.

Gonzalo nació en Villa Urquiza en 1979, lleva décadas girando discos y, cuando habla de su lugar, lo hace con la mezcla de orgullo y obsesión que tienen los que armaron un proyecto a la medida de su propio oído. Lo que ofrece Artlab es, en el fondo, una provocación amable: en un mundo donde todo se consume en fragmentos de quince segundos y en auriculares diminutos, el espacio propone volver a escuchar música como se escuchaba antes, en grupo, en silencio y de principio a fin.

Dos rituales que se repiten semana a semana

El corazón del lugar son dos ciclos regulares que conviven sin pisarse. El primero se llama Audiófilos y está pensado para quienes quieren sentarse a escuchar un álbum completo, sin distracciones. La regla es simple y a la vez exigente: el celular, en el bolsillo. El programa puede ir desde Miles Davis hasta Pink Floyd, pasando por Invisible o Massive Attack, y el formato se elige según lo que rinda mejor para cada obra: hay títulos que suenan mejor en vinilo, otros en CD y otros en archivos sin compresión, lossless, que conservan todos los detalles de la grabación original. Lo que nunca cambia es la idea de escuchar la obra como un todo, con su principio, su desarrollo y su silencio final.

El segundo ciclo se llama Círculo de Sonido y es, en palabras del propio Gonzalo, la veta más bailantera del lugar: mantiene viva la tradición del house con Solimano y otros DJs en consola, para los que necesitan mover el cuerpo además de mover la cabeza. Entre ambos, la electrónica aparece en sus variantes más experimentales, pero también pasan por el lugar propuestas de jazz y eventos de arte visual, porque el proyecto nació pensando en la música y la imagen como una sola cosa.

Marta, vecina de Chacarita de 58 años, me cuenta que fue por primera vez invitada por una sobrina y que se quedó. “Yo escuchaba música en casete toda la tarde y me acuerdo de esas tardes. Acá pasa algo parecido, pero con otra gente, y eso te rejuvenece”, me dice mientras mira cómo se acomoda la siguiente tanda de público. Es una de esas escenas que uno no espera encontrar tan lejos de un centro cultural tradicional: señoras grandes mezcladas con pibes de veinte, todos esperando que arranque el disco.

El cierre de MUTEK y la pregunta por la inteligencia artificial

Este domingo, además, Artlab cierra una nueva edición del festival MUTEK, que en su versión canadiense arrancó en el año 2000 y que Solimano trajo al país en 2018. La propuesta de MUTEK es clara: música electrónica experimental, arte audiovisual y nuevas tecnologías, con un perfil y una escala muy distintos a los de los festivales masivos del género. Para los que todavía no conocen Artlab, la cita es en Roseti 93, en Chacarita, y vale la pena ir con tiempo, porque la entrada es limitada y la experiencia se vive mejor si uno se entrega a la incomodidad de no mirar el teléfono durante una hora.

“Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música.”Gonzalo Solimano, director de Artlab

Sobre el uso de inteligencia artificial en la creación musical, la postura de Solimano también es nítida. “Es un recurso muy potente y la clave es que te asista para crecer en tu investigación y para simplificar procesos, no que haga tu obra por vos”, resume, en una frase que condensa un debate que recién empieza y que va a dar que hablar durante los próximos años en toda la industria.

  • Audiófilos: ciclo para escuchar álbumes completos en vinilo, CD o archivos lossless, con el celular en el bolsillo.
  • Círculo de Sonido: sesiones regulares de house con Solimano y DJs invitados en consola.
  • Jueves de jazz y propuestas de arte visual que se cruzan con la programación electrónica.
  • Eventos especiales como el cierre de MUTEK, este domingo en Roseti 93, Chacarita.

Cuando salgo a la calle Roseti, pasada la medianoche, me cruzo con grupos de gente que se sacuden el frío de Chacarita y se despiden con la sensación de haber estado en otro lado durante un rato. Uno vuelve a su casa, mira el celular, y se da cuenta de que se perdió tres horas sin mirar la pantalla. La pregunta que me queda dando vueltas es la misma que me hizo Gonzalo antes de irme: ¿estaríamos dispuestos a repetir el ejercicio fuera de ahí, en nuestra vida de todos los días, o el formato ya nos resulta demasiado ajeno? Yo, por ahora, me inclino a creer que vale la pena intentarlo. Al menos, un domingo por mes.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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