Darío Giordano salió al cruce de los dichos de su hijo Valentín y rechazó haber ejercido violencia en la familia
El productor difundió un comunicado en el que habló de su duelo por Romina Yan, pidió perdón por no haber estado a la altura emocionalmente y pidió resolver el conflicto puertas adentro.

Como dice aquella frase que uno suele atribuirle a los manuales de crianza que circulan por ahí, no hay familia que no tenga sus sombras, y la de Romina Yan acaba de quedar otra vez bajo la luz pública. Darío Giordano, el productor que fue pareja de la actriz hasta su muerte en 2010, difundió un comunicado extenso en el que respondió punto por punto a las acusaciones que su hijo mayor, Valentín Yankelevich, había hecho públicas apenas un día antes, cuando contó que durante la infancia y la adolescencia vivió situaciones de violencia física y emocional en la casa familiar. Giordano no esquivó el golpe: fue directo, reconoció sus limitaciones como padre durante el duelo y, al mismo tiempo, rechazó de plano que en su hogar haya habido episodios de maltrato.
La respuesta llegó en un texto cargado de un tono personal, casi íntimo, en el que el productor repasó lo que significó para él perder a Romina de manera tan abrupta y tener que hacerse cargo, en simultáneo, de la crianza de Valentín, Franco y Azul. Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen. Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia, escribió, y agregó que la muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía. Nunca imaginé vivir una vida sin ella, completó, en un pasaje que se lee como un intento de explicar, más que de justificar.
Un pedido de perdón que no es una aceptación
El punto más delicado del comunicado es ese momento en el que Giordano abre una puerta sin terminar de cruzar el umbral. Aunque es posible que, en ese momento de duelo y dolor, yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban. Les pido perdón por eso, escribió, dejando en claro que ese reconocimiento apunta a lo emocional y no a los hechos que su hijo describió en su testimonio. Es una distinción sutil pero central para entender su estrategia discursiva: pedir perdón por no haber acompañado como debía, sin admitir que esa falta de acompañamiento se haya traducido en golpes o maltratos concretos.
“Los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado.”Darío Giordano, fragmento del comunicado
Esa frase, lanzada sin nombrar a nadie, parece dirigida a la producción televisiva que rodea a la familia Yankelevich y a la exposición mediática que el propio Valentín eligió para contar lo suyo. Giordano, en el cierre, eligió el camino inverso: pidió resolver todo en la intimidad, sin cámaras ni intermediarios, y dejó flotando la idea de que todavía hay lugar para una conversación cara a cara con sus hijos. Mientras tanto, la causa judicial que se abrió tras la denuncia del joven sigue su curso, y la historia de Romina Yan, la actriz que durante años fue la cara más luminosa de la mañana en la televisión argentina, vuelve a quedar atrapada entre el dolor íntimo y la escena pública.
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