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Este jueves, el Hospital Castro Rendón abre sus consultorios para mirar los ojos de los más chicos

El servicio de Oftalmología atiende de 8 a 14 sin turno previo. Buscan detectar a tiempo la ambliopía y otros problemas visuales que, después de los 14 años, ya no tienen vuelta atrás. Solo hace falta llevar el DNI.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 3 min de lectura
Este jueves, el Hospital Castro Rendón abre sus consultorios para mirar los ojos de los más chicos

Amanece en Neuquén y ya hay una fila que empieza a estirarse sobre la vereda del Hospital Provincial Castro Rendón, en pleno centro de la ciudad. Madres y padres con chicos todavía medio dormidos, abuelos con la mochila del DNI en la mano y algún papá que pidió permiso en el trabajo para no perderse la jornada. Hoy, jueves, el Servicio de Oftalmología atiende las puertas abiertas de 8 a 14 para revisar la vista de todas las chicas y todos los chicos de entre 4 y 14 años que se acerquen, sin turno previo y sin pagar un peso.

Una oportunidad que no siempre aparece

La convocatoria apunta a detectar a tiempo la ambliopía, conocida popularmente como ojo vago, y otros problemas de agudeza visual que muchas veces pasan desapercibidos en la casa y en la sala de clases. "Ambliopía es el término técnico para referirse a un ojo que no funciona como corresponde y que, si se diagnostica en el momento oportuno, tiene tratamiento", me explica la subjefa de Oftalmología del hospital, Natalia Racigh, en un pasillo donde todavía se escuchan los últimos preparativos de la mañana.

Para anotarse no hay que llamar ni mandar un mail. Solamente hay que presentarse en Santa Fe 350 con el Documento Nacional de Identidad del chico, que se carga en el sistema sanitario ANDES. Si la familia tiene estudios visuales anteriores, conviene llevarlos: ahorran tiempo y le dan al equipo médico una referencia para entender cómo evolucionó la vista.

Por qué la edad importa tanto

La subjefa Racigh insiste en un punto que a esta nota le parece clave: la ventana para tratar el ojo vago no es eterna. El cerebro y los ojos de los chicos conservan una plasticidad que permite reeducar la visión hasta cerca de los 13 o 14 años. Después de ese límite, las conexiones se fijan y el clásico tratamiento con parche sobre el ojo dominante deja de generar mejoras permanentes. De ahí la urgencia de controlar antes de que la primaria llegue a su fin.

El esquema más usado combina anteojos recetados con parches colocados sobre el ojo que enxerga mejor, una manera de obligar al cerebro a prestarle atención al ojo flojo y devolverle ritmo. Cuando se detecta algo fuera de lo esperado, el equipo del hospital deriva al paciente a la consulta ambulatoria para empezar el tratamiento lo antes posible.

Lo que vienen viendo

En ediciones anteriores de la jornada, más de la mitad de los chicos revisados terminaron con alguna falla en la agudeza visual. Una parte de ese crecimiento se asocia al uso intensivo de pantallas desde edades muy tempranas: el esfuerzo sostenido de enfoque a corta distancia favorece la miopía y puede traducirse en dolores de cabeza frecuentes durante la etapa escolar.

  • Primer mes de vida: primer control oftalmológico.
  • A los seis meses: segundo control.
  • Al año y medio: tercera revisión.
  • A los tres años: nuevo chequeo.
  • A los cinco años: control previo al ingreso escolar.
  • Desde los cinco en más: una revisión por año, junto con el chequeo escolar anual.

Mientras la mañana avanza y la fila se acomoda, María José, vecina de Neuquén de 47 años, espera con su hija de 9 a la que le cuesta ver el pizarrón desde el banco del medio. Me cuenta que se enteró de la jornada por el grupo de WhatsApp del grado y que ni lo pensó. A su lado, otra mamá asiente y mira el reloj: tiene turno en el trabajo a las doce y apuesta a llegar antes. La escena se va a repetir cada jueves mientras el hospital siga abriendo sus consultorios para mirar, de cerca y sin vueltas, los ojos de los más chicos de la ciudad.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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