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Hijos de los mismos padres, pero de distintas infancias: por qué los recuerdos de los hermanos no siempre coinciden

La edad en que nacieron, los cambios que atravesaron sus padres y el lugar que cada uno ocupa en la familia hacen que dos hermanos criados bajo el mismo techo guarden memorias que parecen no ser del mismo hogar.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 3 min de lectura
Hijos de los mismos padres, pero de distintas infancias: por qué los recuerdos de los hermanos no siempre coinciden

En el pueblo de San Antonio de Areco, un domingo de esos que invitan a quedarse en la vereda, me senté con Marta Leguizamón, 58 años, en el patio de su casa. Mientras cebaba mate con la calma de quien se crio entre gallinas y tareas, me dijo algo que se me quedó dando vueltas: "Con mi hermano comimos en la misma mesa, dormimos bajo el mismo techo y hasta nos peleamos por la misma bicicleta, y sin embargo, cuando nos ponemos a recordar la infancia, parece que estuviéramos hablando de dos familias diferentes". Lo que Marta describe no es un capricho ni una pelea por quién tuvo razón. Es, según los especialistas, una de las cosas más comunes y menos discutidas que les pasan a los hermanos cuando crecen.

Lo primero que hay que entender es que los padres no son la misma persona a lo largo de los años. Un padre o una madre de 25 años no es igual a los 40, ni a los 50. Entre medio pueden haber pasado duelos, crisis de pareja, cambios de trabajo, problemas de salud o estrecheces económicas. Cada hijo, entonces, llega al mundo en un capítulo distinto de esa historia y conoce una versión diferente de quienes lo criaron.

La voz de la especialista

“Los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja.”Ana Paula Rivadero, psicóloga

A eso se le suma algo que los especialistas llaman lugar en la fratria: el rol que cada hermano ocupa desde chico, casi sin darse cuenta, dentro de la familia. Puede ser el responsable, el sensible, el que necesita más ayuda, el exitoso o el rebelde. Esos lugares no se eligen, se van construyendo, y tiñen la experiencia cotidiana y la manera en que cada uno procesa lo que le toca vivir.

  • La edad y el momento vital de los padres cuando nace cada hijo.
  • Los cambios que la familia atravesó entre un nacimiento y otro: mudanzas, separaciones, duelos, problemas de dinero.
  • El rol asignado a cada hermano dentro de la dinámica familiar, que se arrastra desde la infancia hasta la adultez.
  • La etapa del país y del entorno que le tocó vivir a cada uno: contextos sociales y económicos diferentes.
  • El modo en que cada hijo procesa los afectos, la disciplina y los conflictos, que nunca es idéntico al de un hermano.

Un trabajo publicado en la revista The Journals of Gerontology, que entrevistó a 1.369 adultos de 498 familias, encontró que la mayoría de los hermanos criados en el mismo hogar recuerdan de manera diferente el vínculo con sus padres durante la infancia, sobre todo en lo referido al afecto recibido, la disciplina y los conflictos. El dato no hace más que confirmar lo que muchos perciben en sus propias casas.

Las diferencias, claro, suelen hacerse más visibles en la adultez, cuando los hermanos se sientan a comparar recuerdos y descubren que sus versiones no encajan. Rivadero advierte que intentar determinar quién tiene razón pocas veces sirve para algo: "Sería productivo abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y preguntar qué significa para cada uno aquello que recuerda". Desde esa mirada, el conflicto no aparece porque uno mienta y el otro diga la verdad, sino porque ambos vivieron experiencias genuinamente distintas a partir de hechos compartidos. No hay una sola infancia recordada más o menos fielmente, hay construcciones distintas de la misma infancia.

Cuando terminé la nota y le di los últimos mates a Marta, me miró y dijo algo que resumió todo: "Ahora entiendo por qué mi hermano y yo discutimos tanto cuando arrancamos a hablar de la vieja". Volví a San Antonio de Areco pensando que, si cada hijo llega a un hogar que ya viene cambiando desde antes de que él naciera, lo raro no es que los hermanos recuerden distinto. Lo raro sería que recordaran igual.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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