La aventura que Sommers despertó de las arenas: a 26 años, La momia sigue siendo un viaje que vale volver a hacer
Brendan Fraser y Rachel Weisz encabezan la primera entrega de una trilogía que combinó exploración, terror y romance a fines de los noventa.

Me acuerdo de esa frase que sobrevuela la película como si fuera un conjuro: la muerte solo es el comienzo, porque cuando uno se sumerge en las arenas de Hamunaptra entiende que lo que se despierta allí arrastra más de tres mil años de furia. Esa línea bien podría haberla dicho cualquier explorador de la gran pantalla, y en el fondo se conecta con el corazón de La momia, la película de 1999 donde Stephen Sommers decidió resucitar a un monstruo clásico de Universal y darle una vuelta de tuerca: acción a destajo, gotas de terror y un romance de los que ya no se hacen. Brendan Fraser es Rick O'Connell, el aventurero con más suerte que prudencia, y Rachel Weisz es Evelyn Carnahan, la egiptóloga con anteojos, libros y un ojo clínico para descifrar jeroglíficos mientras el mundo se le viene encima.
Un hallazgo que desata una maldición milenaria
Una expedición a unas ruinas egipcias es el punto de partida de La momia, que reunió a Fraser y Weisz bajo la dirección de Sommers. El relato combina una búsqueda arqueológica con una amenaza sobrenatural y una relación romántica entre sus protagonistas. La dupla llega a Hamunaptra con la expectativa de encontrar vestigios desconocidos y termina abriendo la tumba de Imhotep, un sacerdote sobre el que pesa una antigua maldición. Su regreso como momia transforma la exploración en un enfrentamiento con un peligro que alcanza al mundo entero. Lo notable es cómo Sommers recupera al monstruo clásico de Universal pero lo pone a funcionar dentro de una película orientada a la aventura: el terror aparece, pero convive con los tiroteos, las persecuciones por arenas movedizas y, especialmente, con la química entre Rick y Evelyn.
“La muerte solo es el comienzo.”Imhotep, La momia (1999)
La trilogía completa y sus herederos
- La momia (1999), dirigida por Stephen Sommers, con Brendan Fraser y Rachel Weisz como Rick O'Connell y Evelyn Carnahan.
- El regreso de la momia (2001), segunda entrega de la saga, también con Sommers en la silla del director.
- La momia: La tumba del emperador Dragón (2008), tercer y último capítulo, ya con Brendan Fraser y Rachel Weisz en papeles diferentes y la incorporación de Jet Li como el emperador.
- La propuesta se apoya en referencias explícitas al cine de Indiana Jones, especialmente por la mezcla de exploración, riesgos y romance en escenarios exóticos.
Esa primera historia abrió una trilogía que se extendió durante casi una década: El regreso de la momia, estrenada en 2001, y La momia: La tumba del emperador Dragón, de 2008, completan el recorrido. Entre sus referencias aparece el cine de Indiana Jones, sobre todo por la forma en que se articulan la exploración, los riesgos físicos y el romance. Para acercarse a la trilogía, la entrega de 1999 es la puerta de entrada inevitable: presenta a la pareja central y establece el cruce de géneros que define esta versión del personaje, con un Fraser que recién empezaba a consolidarse como protagonista de grandes blockbusters y una Weisz que se luce en un papel que mezcla inteligencia, torpeza física y un corazón enorme.
Si me preguntan a mí, La momia es una de esas películas que conviene revisitar cada tanto. Se deja ver con la misma sonrisa con que uno se reencuentra con un viejo amigo de la escuela, y encima funciona como relojito cuando uno busca aventura sin pretensiones. Si todavía no la vieron, dense el tiempo y armen una noche con pochoclo: la dupla Fraser-Weisz los espera en Hamunaptra con una maldición, una momia y un romance que todavía hace brillar los ojos.
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