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La huerta se defiende sola: recetas de la abuela que el INTA avala para proteger el jardín sin química

Con la llegada del calor, pulgones, ácaros y hongos acechan a las plantas. El INTA reconoce una batería de preparados caseros a base de ortiga, ajo, naranja y cebolla que cualquiera puede armar en casa. Una guía paso a paso, con los secretos para que funcionen.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 4 min de lectura
La huerta se defiende sola: recetas de la abuela que el INTA avala para proteger el jardín sin química

El pueblo todavía duerme cuando yo llego al fondo de la casa de Marta Rodríguez, 58 años, que ya está revolviendo un balde de plástico con una cuchara de madera. La ortiga fermentada burbujea desde hace una semana bajo el cobertizo, huele fuerte y tiene ese color oscuro que a primera vista asusta, pero ella lo trata como un tesoro: 'Es mi mejor defensa contra el pulgón verde que el año pasado me dejó las rosas hechas un trapo', me dice, mientras me convida un mate y me explica que este año no compró ni una gota de insecticida en el vivero. La escena, que se repite en muchas casas de la zona con la llegada de la primavera, tiene ahora un sello inesperado: el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) salió a recomendar varias de estas recetas caseras como aliadas válidas para huertas y jardines domésticos, siempre y cuando se las use con ciertos cuidados y entendiendo que no son magia, sino herramientas.

Por qué el jardín se complica con el calor

La explicación es bastante sencilla y la resumo como me la cuentan los técnicos: cuando la primavera empieza a instalar el calor y todavía quedan jornadas húmedas, aparecen los hongos, que aprovechan esa combinación para expandirse sobre hojas y tallos. Más adelante, entrado el verano, el ambiente se vuelve más seco y proliferan los insectos y los ácaros, que además encuentran una despensa llena de frutos y flores para alimentarse. No se trata, aclaran los especialistas, de exterminar a todo bicho que pase, sino de reducir las poblaciones hasta que no causen un daño significativo en las plantas.

Las tres reglas de oro antes de empezar

  • Usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica: los metálicos pueden liberar sustancias tóxicas para las plantas y arruinar el preparado.
  • Preparar los macerados en un lugar ventilado y fuera del sol directo, porque el calor y la luz intensa alteran la fermentación y pueden generar olores muy fuertes.
  • Colar muy bien el líquido antes de pulverizar: cualquier resto vegetal tapa la boquilla del rociador y arruina la aplicación.

Las recetas que sí recomienda el INTA

La más conocida es el purín fermentado de ortiga, que se prepara con un kilo de planta fresca (o entre 100 y 200 gramos si está seca) en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas, y antes de aplicarlo se mezcla en la misma proporción. Controla pulgones y hongos y, de yapa, aporta nutrientes al suelo. Eso sí: conviene manipular la ortiga con guantes, porque pica.

Para los ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, el macerado concentrado de ajo con alcohol es una fija: se licúa una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja una semana en la heladera, se filtra y, al momento de usar, se diluyen 100 mililitros por cada litro de agua con un chorrito de jabón blanco neutro como adherente para que la preparación se pegue bien a la hoja.

Y para quienes quieren empezar con algo más simple, hay tres opciones rápidas: hervir la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos y pulverizar contra pulgones y cochinillas; dejar reposar dos o tres cebollas medianas en agua hirviente durante 48 horas para atacar pulgones y hongos; o preparar una infusión de ruda y salvia en partes iguales, sin fermentación, también como repelente de pulgones.

El abc de la aplicación

  • Pulverizar al atardecer o a primera hora de la mañana, nunca con el sol fuerte encima, para evitar quemar las hojas.
  • Mojar bien el envés de las hojas, que es donde se esconden pulgones y ácaros.
  • Repetir cada cinco o siete días si la presión de plagas se mantiene, y siempre después de una lluvia.
  • No guardar los preparados más de unos pocos meses: pierden efectividad y pueden fermentar de más.

Cuando termino la recorrida por el jardín de Marta, el sol ya entra de lleno y la ortiga que estuvo burbujeando una semana ya está colada, diluida y cargada en un rociador. Ella me mira mientras llena el primer envase y me dice, con esa mezcla de orgullo y pragmatismo que tienen las personas que conocen el pulso de la tierra: 'No es que reemplace al químico cuando la cosa se pone brava, pero si lo usás a tiempo, casi no necesitás otra cosa'. Y la verdad es que, viendo cómo funciona en su huerta, cuesta discutirle. El INTA,, tampoco lo hace.

“No es que reemplace al químico cuando la cosa se pone brava, pero si lo usás a tiempo, casi no necesitás otra cosa.”Marta Rodríguez, 58 años, vecina de la zona
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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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