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La tranquilidad de Bratenahl se interpone entre Swift y Kelce y el rediseño de su mansión de cinco millones

Vecinos cuestionan el plan de forestación y la valla de la propiedad que la pareja adquirió frente al lago, mientras la Junta de Revisión Arquitectónica ya dio luz verde al frente y debatirá el resto en próximas reuniones.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
La tranquilidad de Bratenahl se interpone entre Swift y Kelce y el rediseño de su mansión de cinco millones

"El que tiene un buen vecino tiene un tesoro", decía un proverbio que parece sacado del manual de convivencia de Bratenahl, un municipio pequeño del norte de Ohio donde, hasta hace poco, las únicas estrellas que se veían en el cielo eran las de la vía láctea. Ahora, en cambio, las cámaras y los reflectores apuntan a una propiedad de cinco millones de dólares sobre la costa del lago Erie que, desde marzo pasado, les pertenece a Taylor Swift y Travis Kelce, y a las discusiones de planificación municipal que cada vez que se juntan parecen más una reunión de consorcio que un trámite burocrático.

Los puntos centrales del reclamo vecinal

  • Forestación riesgosa: una vecina de hace más de tres décadas advirtió que los árboles perennes proyectados pueden dañar una tubería de desagüe compartida y provocar "desbordamientos catastróficos del alcantarillado". Cotizó en 75.000 dólares la protección de la cañería y dijo que el tema se trata con el abogado de la pareja.
  • Fauna en alerta: otro residente objetó la tala de arbustos existentes y mostró preocupación por los ciervos que circulan por la zona si se coloca el vallado perimetral.
  • privacidad y seguridad: el responsable de obra, Jacob Kutz, de Tiny Construction, explicó que la pareja busca "privacidad y seguridad" y destacó que ya hicieron tareas voluntarias, como la limpieza a presión del alcantarillado, "sin pedir ayuda".
  • Avance parcial: la Junta de Revisión Arquitectónica aprobó en septiembre una valla de 1,8 metros, reducida desde los 2,4 metros originales, y en la última reunión dio luz verde al paisajismo del frente; un tercer plan se presentará en una sesión próxima.

Lo que me llama la atención, y se lo confieso en primera persona, es cómo la vida de dos famosos termina atravesando las rutinas de un pueblo que vivía sin sobresaltos. Acá no hay caprichos de rockstars: hay cañerías compartidas, arbustos que llevan años creciendo y ciervos que no entienden de contratos ni de cláusulas notariales. La mansión, vale recordar, forma parte de un catálogo que la pareja tiene repartido entre Kansas, Nueva York, Tennessee, Rhode Island y California, y al que ahora se le instaló un sistema de alerta para cuando alguien se acerque demasiado al perímetro.

Una pulseada que todavía no terminó

El contrapunto, en el fondo, es de los más viejos del mundo: de un lado, una pareja ultraexpuesta que necesita blindar su intimidad; del otro, vecinos que pagan sus impuestos, cuidan sus cañerías y no están dispuestos a pagar los platos rotos de una forestación mal estudiada. La Junta ya convalidó lo del frente, pero la pulseada sigue abierta: queda por delante la presentación del tercer plan y, sobre todo, la manera en que la pareja y el municipio resuelvan el entuerto del desagüe compartido.

Si me preguntan a mí, y se los recomiendo como lectora antes que como cronista, les diría que se sienten en una mesa con los vecinos, escuchen el ruido del agua cuando llueve y miren bien dónde van a plantar cada árbol. A veces, las mejores canciones de amor empiezan con un vecino enojado y terminan con un setlist compartido en un asado.

AO
Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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