La vida que uno vive y la que le dejaron armada: dos preguntas para empezar a desarmar el molde
Un filósofo de la Universidad de Emory propone interpelarse de quién es realmente la vida que llevamos y quién decide cómo la vivimos. La idea, lejos de ser un ejercicio de narcisismo, apunta a distinguir los deseos genuinos de la herencia familiar, la presión social y los mandatos culturales.

Llego a un pueblo chico del interior bonaerense una mañana de semana, cuando todavía las veredas están húmedas y los perros duermen en las esquinas. Me siento en un bar de la plaza principal, pido un café con leche y, mientras reviso los apuntes para esta nota, se me acerca Nélida, 58 años, jubilada reciente, que me conoce de toda la vida. Me dice, sin que casi le pregunte: "Yo estudié magisterio porque mi madre quería que fuera maestra, me casé porque era lo que tocaba a esa edad y me quedé en el pueblo porque acá estaban los míos. No me quejo, pero hay veces que uno se pregunta cómo sería haber elegido otra cosa". Esa frase, que parece de conversación de mesa, es exactamente la puerta de entrada a lo que vino a plantear Ira Bedzow, doctor en Filosofía y director ejecutivo del Emory Purpose Project, dependiente de la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory, en Estados Unidos.
Bedzow propone un ejercicio que parece simple y por eso mismo resulta incómodo. Son dos preguntas que conviene hacerse antes de tomar decisiones importantes, y hasta en las chicas del día a día: una, de quién es la vida que estamos viviendo; dos, quién debería determinar cómo la vivimos. La primera admite una respuesta rápida, casi automática, porque uno siente que la propia vida le pertenece. La segunda, en cambio, raspa: obliga a admitir que muchas veces el rumbo no lo fijamos nosotros, sino que viene heredado de la familia, copiado del entorno o calcado de lo que se supone que se espera de alguien como uno.
El guión ajeno que se vive como propio
"Es más fácil conocer el camino correcto que se supone que debés tomar que pensar que debés inventar ese camino por vos mismo", le dijo Bedzow a un medio especializado, y la frase, traducida a nuestra lengua de mate y sobremesas, quiere decir algo que en los pueblos se ve todo el tiempo: hay una comodidad en seguir el molde. El hijo que sigue en el campo del padre, la chica que estudia lo que estudió la hermana mayor, el vecino que se afilia al mismo partido de toda la vida. No siempre es coerción: muchas veces es simplemente la ausencia de una pausa para preguntarse si eso se quiere o se repite.
El punto, aclara el filósofo, no es aislarse de los demás ni desoír a quienes nos quieren. Existe una diferencia enorme entre recibir perspectivas externas y cederles el control. Conversar con un colega sobre una posible oferta laboral, o aceptar que un amigo nos cuestione una idea fija sobre una relación, puede abrir los ojos a cosas que no habíamos considerado. Lo decisivo es quién firma la decisión final y con qué criterios. Bedzow lo explica así: "No significa mirarse el ombligo, sino examinar las razones por las que elegimos lo que elegimos, considerar alternativas y aprender de los resultados". Practicar esa clase de autoexamen en decisiones de bajo riesgo, eligió yo, esta carrera, este viaje, sirve de entrenamiento para cuando la apuesta es más grande, tipo un cambio de trabajo, una separación o el lugar donde se va a criar a los hijos.
Lo que dice la evidencia y lo que suma una filósofa
- Un metanálisis encabezado por Sezer y colaboradores concluyó que las personas que persiguen metas alineadas con sus propios valores e intereses tienden a esforzarse más, a progresar más y a registrar mayor bienestar que quienes orientan sus objetivos por expectativas parentales, presión de estatus o miedo a la culpa.
- La filósofa Susan Wolf, citada por Bedzow, agrega que el sentido de la vida no surge solo del deseo individual, sino de comprometerse con aquello que es genuinamente valioso. Por eso la segunda pregunta no es solo "qué quiero yo", sino también "merece ser buscado lo que quiero".
- La diferencia, en criollo, está entre hacer algo porque genuinamente lo elegí y hacer algo porque no sabría vivir si no lo hago igual que el resto.
Antes de cerrar la libreta vuelvo a la plaza. Nélida todavía está en el bar, ahora tomando una media tarde con otra vecina. Le cuento, en criollo, de qué se trata la nota. Se ríe, se encoge de hombros y me dice, mientras mira la iglesia de enfrente: "A esta altura, una ya sabe qué fue mandato y qué fue elección. Lo importante es que lo demás lo podamos pensar los que vienen". Me parece, mientras me despido y cruzo la plaza pensando en la nota, que esa es exactamente la idea de Bedzow en una frase de pueblo: no se trata de romper con todos, ni de renegar de la familia o del barrio, sino de poder mirar la propia vida y decir, con todas las letras, de quién es el camino que estamos caminando.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo


Tuberculosis en alza: los casos crecieron un 38% en Argentina y alertan sobre prevención

Preocupación vecinal por la toma de una propiedad en el corazón de la ciudad
