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Remediar, el programa que curaba al barrio: del botiquín lleno a seis pastillas en la mesa

El recorte nacional dejó a los centros de atención primaria sin antibióticos, jarabes pediátricos y medicación para diabetes. La provincia de Córdoba advierte que los hospitales públicos no aguantan la demanda que se viene encima.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 4 min de lectura
Remediar, el programa que curaba al barrio: del botiquín lleno a seis pastillas en la mesa

Son las diez de la mañana en un pueblo del interior cordobés y la sala del dispensario todavía huele a limpio. Marta tiene 58 años, tres nietas a cargo y una carpeta azul con las recetas de siempre. Llega, se sienta, y pregunta por el jarabe de su nieta más chica, el que el mes pasado le dieron sin vueltas. Esta vez le dicen que no hay. Que vaya al hospital, a quince kilómetros. Marta me mira y se encoge de hombros, como si ya hubiera aprendido que preguntar de más no cambia nada. Esa escena, que se repite en cientos de pueblos del país, resume mejor que cualquier cuadro lo que dejó el recorte del programa Remediar: un mostrador que antes tenía de todo y hoy apenas puede con seis medicamentos.

De 128 a seis: lo que pasó en el botiquín del barrio

El programa Remediar nació hace más de veinte años con una promesa simple: que cada centro de atención primaria, por chico que fuera, tuviera un stock razonable de medicamentos para resolver los problemas de salud más comunes sin que la gente tuviera que viajar hasta un hospital. Durante años cumplió esa función: repartía 128 productos a dispensarios, salas municipales y centros comunales de todo el país. Antibióticos para una angina, antiinflamatorios para un dolor lumbar, jarabes pediátricos para una fiebre de las típicas, vitaminas para un chico con anemia, pastillas para la diabetes del abuelo. Era, en la práctica, el botiquín de cabecera de millones de argentinos sin obra social. Hoy ese botiquín quedó reducido a apenas seis fármacos, todos vinculados a tratamientos cardiovasculares.

  • Antibióticos: los de uso más frecuente en consultas ambulatorias.
  • Antiinflamatorios: de los más recetados en el primer nivel.
  • Jarabes pediátricos: para fiebre y cuadros respiratorios en chicos.
  • Vitaminas y suplementos: clave en controles de crecimiento.
  • Medicación para diabetes: crónica, de toma diaria, sin reemplazo fácil.

La lista de lo que se fue es la lista de lo cotidiano. No son medicamentos de alta complejidad ni terapias sofisticadas: son los que cualquier familia de clase media o baja necesitaba retirar en el centro del barrio, a pocas cuadras de casa, sin pagar un peso. Por eso el golpe se siente tanto: porque no se trata de casos raros, sino de consultas de todos los días.

La advertencia de Córdoba: los hospitales no van a aguantar

El secretario de Salud de Córdoba, Gustavo Klein, me lo dijo sin rodeos cuando le pregunté cómo se vivía este recorte desde la gestión provincial. “Desde hace tres años esta parte ha sido cercenada y restringida en forma permanente hasta llegar a este momento”, señaló. Y agregó que lo más preocupante no es solo lo que ya falta en los dispensarios, sino lo que viene: “Seguramente va a haber un colapso respecto a ese tema”. La frase no es alarmista: describe un mecanismo conocido. Si el primer nivel deja de resolver lo que siempre resolvió, la gente concurre directamente al hospital. Y los hospitales, recordó Klein, tienen su farmacia propia y están operativos, pero no están preparados para absorber ese caudal extra de consultas sin que se resienta la atención.

“Seguramente va a haber un colapso respecto a ese tema.”Gustavo Klein, secretario de Salud de Córdoba

En los últimos encuentros del Consejo Federal de Salud (COFESA), la postura del Gobierno nacional fue que el programa debía concentrarse exclusivamente en patologías cardiovasculares. Para las provincias, esa decisión se tomó sin consulta y sin un plan alternativo que garantice el acceso a los medicamentos que se retiraron del listado. Córdoba ya pidió una reunión formal con las autoridades sanitarias nacionales para discutir el alcance del recorte. Por ahora, esa reunión no se concretó.

Lo que cambia para la gente: más viaje, más tiempo, más espera

Volví a la sala del dispensario antes del cierre. Marta seguía ahí, esta vez con su vecina Delia, de 62, que tiene diabetes y retiró su medicación por última vez hace veinte días. Me contaron lo mismo, casi con las mismas palabras: antes sacaban todo en el centro del pueblo, ahora tienen que ir hasta el hospital, pedir turno, esperar, y rezar para que haya stock. “Si no hay, volvés a tu casa con las manos vacías”, me dijo Delia, mientras guardaba la carpeta verde con sus estudios. El Estado se ahorra plata en medicamentos, pero se la gasta en transporte, en horas de espera y, sobre todo, en salud perdida: porque hay gente que directamente deja de tomar lo que tiene que tomar.

Remediar fue, durante dos décadas, una de las políticas públicas más reconocidas del primer nivel de atención. No era perfecta, pero funcionaba. Achicarla a seis medicamentos no es solo un ajuste presupuestario: es cambiarle la vida cotidiana a millones de argentinos que dependen de la salud pública para algo tan básico como retirar una caja de pastillas en el barrio. Mientras tanto, en los pueblos, la sala sigue abriendo a las ocho y cerrando a las seis, y las Marta y las Delia de todo el país siguen preguntando, con la misma carpeta bajo el brazo, si esta vez lo que necesitan va a estar. Hoy, la mayoría de las veces, la respuesta es no.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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