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Tom Cruise se sube a las tablas con Iñárritu y se mete en la contradicción más filosa del teatro

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Tom Cruise se sube a las tablas con Iñárritu y se mete en la contradicción más filosa del teatro

Hay una frase que Alejandro González Iñárritu viene masticando desde hace años y que ahora, con Digger, parece decidida a poner sobre el escenario a gritos: el arte que denuncia al poder solo existe porque ese poder lo financia. La película, que marca el regreso del realizador mexicano al territorio íntimo y crispado de Birdman, llega con Tom Cruise como protagonista absoluto y con una pregunta que pesa más que cualquier candidatura: ¿puede el cine denunciar al dinero que lo sostiene sin terminar siendo parte del problema?

El reencuentro con un terreno conocido

Más de una década después de aquella película que le valió a Michael Keaton un renacimiento inesperado y a Iñárritu el reconocimiento global, el director vuelve a poner una cámara detrás de las bambalinas, otra vez con un actor estrella lidiando con sus fantasmas creativos y otra vez con el teatro como excusa para hablar de algo mucho más grande. Lo que cambia es el tono: donde Birdman podía leerse como una celebración excesiva, casi eufórica, del genio que se reinventa, Digger se instala en un lugar incómodo, áspero, sin concesiones al optimismo.

El punto de partida es tan provocador como simple: Cruise interpreta a un artista que acepta el respaldo de un magnate millonario para producir su propia obra teatral, con el objetivo declarado de rescatar a su hija de una situación que ese mismo círculo de poder contribuyó a crear. Esa paradoja es el motor de toda la narración, y la película no se hace la distraída: muestra cómo cada decisión artística queda condicionada por el financiamiento privado, cómo el guion se negocia en oficinas que huelen a dinero y cómo el público, al aplaudir la caída simbólica de un magnate en una sala a oscuras, disfruta de una catarsis que no tiene equivalencia posible en la vida real.

Una apuesta que incomoda al circuito de premios

Formalmente, Digger hereda casi todos los recursos de su antecesora y se anima a prescindir del falso plano secuencia que volvió a Iñárritu objeto de análisis obsesivo entre los cineastas. La diferencia, otra vez, está en la intención: si Birdman dejaba una puerta abierta a la esperanza, Digger cierra con pocas concesiones y señala sin demasiados reparos las contradicciones estructurales de trabajar dentro de una industria que necesita capitales enormes para existir.

Esa apuesta más radical la posiciona mal en el circuito de premios, donde los largometrajes de alcance comercial masivo suelen correr con ventaja. La única variable que podría torcer el cálculo es una actuación de Cruise tan convincente que se vuelva imposible de ignorar en la campaña y termine cargando sobre los hombros el peso entero de la película. Lejos de los flashes, lo que queda es un trabajo que incomoda y que, justamente por eso, merece la pena discussion: un filme que se anima a preguntar qué precio paga la creación cuando decide sentarse en la mesa de quienes la financian.

“Si vas a esta película buscando una experiencia amable, te aviso que vas a salir con una molestia interesante en la cabeza, de esas que dan ganas de discutir durante el viaje de vuelta. Vale la pena.”Andrea Oliveto
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Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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