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Una Honda Navi, una carpa y la Carretera Austral: la apuesta de Nicolás para llegar desde Neuquén hasta Alaska

A los 39, con un hijo de 17 y un taller en venta, el mecánico neuquino prepara un viaje de más de un año sobre una moto urbana. Salir en noviembre, sin fecha de regreso y con la Ruta 40 como columna vertebral del recorrido.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 5 min de lectura
Una Honda Navi, una carpa y la Carretera Austral: la apuesta de Nicolás para llegar desde Neuquén hasta Alaska

El viento todavía pega fuerte en Neuquén y en las veredas del taller ya se siente ese movimiento distinto de los días previos a un cierre. Nicolás Poblet, que el 11 de octubre cumple 40 años, pasa las últimas horas ordenando herramientas, acomodando cajas y revisando una y otra vez la pequeña Honda Navi que lo va a llevar desde la Patagonia hasta Alaska. Pocas semanas después, en noviembre, la moto va a quedar cargada con un bidón extra de combustible, una carpa y lo mínimo indispensable para dormir, comer y arreglarse en el camino. Lo demás se va vendiendo o se va quedando atrás.

La escena, para quien conozca la ciudad, tiene algo de inusual: un mecánico que liquida su propio taller para financiar una travesía que, según sus propios cálculos, puede durar entre un año y medio y dos años. Pero cuando uno lo escucha hablar, la decisión aparece menos como una aventura impulsiva y más como algo que estuvo muchos años esperando el momento justo. Ese momento, dice, llegó ahora que su hijo Benjamín, de 17, tiene más independencia y puede sostener la conversación con su padre sobre lo que viene.

La ruta, tramo por tramo

  • Salida desde Neuquén y cruce a Chile para tomar la Carretera Austral hacia el sur, hasta Ushuaia.
  • Subida por Argentina siguiendo la Ruta 40, la columna vertebral del viaje por la Patagonia y el norte.
  • Ingreso a Bolivia y cruce hacia Centroamérica por tierra.
  • Avance por Norteamérica hasta Alaska, como punto final del recorrido.

La moto, una Honda Navi, no es una máquina de ruta ni está pensada para correr. Poblet lo sabe y, justamente por eso, la eligió. Planea moverse a unos 60 kilómetros por hora y detenerse cada vez que algo del camino le llame la atención, sin un itinerario cerrado ni una fecha de regreso fija. Aproximadamente nueve de cada diez noches las va a pasar acampando, al costado de la ruta o donde encuentre un lugar seguro para plantar la carpa. El resto, en alojamientos que aparezcan sobre la marcha.

Como mecánico de oficio, confía en poder resolver la mayoría de los problemas técnicos por su cuenta. Esa es, a la vez, una tranquilidad y un dato clave de la historia: no se trata de un viaje de contemplación pasiva, sino de un hombre que conoce la moto a fondo y que se sabe capaz de escucharla, desarmarla y volver a armarla en medio de la nada. Para sostener el enlace con Benjamín durante el trayecto, piensa llevar un dispositivo Starlink. Lo dijo con una frase que resume, en gran parte, el espíritu de la decisión: "Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él".

El dinero de la venta del taller queda, según contó, para su hijo. El viaje propiamente dicho lo piensa sostener con algunos ahorros y con ingresos que espera generar durante el recorrido, una idea que va tomando forma a medida que se acerca la fecha de partida. Abrió un canal de YouTube y una cuenta de Instagram bajo el nombre Astronavi para documentar los lugares, los encuentros y también los días que no salgan como esperaba. Esa intención de mostrar tanto la épica como las complicaciones es, en sí misma, una manera de decir que esto no es una postal: es una vida en movimiento, con todo lo que eso implica.

Antes de cerrar la puerta del taller, Poblet conversa con vecinos y conocidos que todavía no terminan de dimensionar lo que está por venir. Marta, de 54 años, clienta del taller desde hace más de una década, lo despacha con una mezcla de admiración y preocupación: "Lo conozco desde que era un pibe, le he llevado el auto", dice mientras se ríe de su propia exageración. "Me parece bárbaro lo que va a hacer, pero le dije que tenga cuidado con el frío del sur. Acá en Neuquén uno se endurece, pero la Carretera Austral en esa moto debe ser otra cosa". Es el tipo de advertencia casera, de barrio, que se repite en cada despedida: la geografía, el clima, la distancia. Y también la certeza, en la voz de quien lo conoce, de que este hombre no está escapando de nada, sino yendo hacia algo.

Existe, además, una posibilidad que a Nicolás se le nota en los ojos cada vez que la menciona: que Benjamín tome un avión hasta algún punto del recorrido y compartan una etapa del viaje. No está confirmado, no tiene fecha, pero está ahí, como una puerta abierta dentro de un plan que, en gran parte, se escribe mientras se transita. Cuando en noviembre la Honda Navi arranque en Neuquén y tome rumbo al sur, la imagen será la de una moto chica, cargada al límite, entrando a la Carretera Austral a una velocidad que para los estándares de la ruta parece de otro siglo. Para Nicolás, es exactamente la velocidad correcta.

Volviendo a aquella vereda de Neuquén, con el viento todavía soplando y las herramientas ya casi guardadas, lo que queda es la sensación de que esta historia empieza mucho antes del viaje. Empieza en un taller que se vende, en una charla larga con un hijo de 17 años, en una moto que no fue pensada para esto y, sin embargo, va a ser la protagonista. El 11 de octubre Nicolás cumple 40. Pocas semanas después arranca. El resto, lo irá contando él mismo, en Astronavi, desde la ruta.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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