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Una noche con Carrère en Buenos Aires: sala llena, palabras justas y una ovación que parecía un recital

El escritor francés presentó Koljós en la Facultad de Derecho ante casi mil personas, en una velada atravesada por sus obsesiones, sus bloqueos y la memoria de sus padres. Por la mañana, el autor había pasado por Eterna Cadencia, donde habló con una sonrisa cansada y frases cortas.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 4 min de lectura
Una noche con Carrère en Buenos Aires: sala llena, palabras justas y una ovación que parecía un recital

Son las ocho de la noche del viernes 2 de octubre y la cola ya da la vuelta a la manzana en la Facultad de Derecho de la UBA. Casi mil personas esperamos para entrar a ver a Emmanuel Carrère, el escritor parisino de 68 años que llegó a Buenos Aires empujado por el Festival Internacional de Literatura, el FILBA, y por su libro más reciente, Koljós, publicado este año. La demora vale la pena: cuando por fin cruzamos la puerta, la sala está colmada y el murmullo suena como el de una previa de recital.

Una entrevista pública que se transforma en confesión

Sobre el escenario, la periodista Leila Guerriero —referente ineludible del periodismo narrativo latinoamericano— toma las riendas de la conversación. Carrère sube con camisa a cuadros arremangada, una remera negra debajo y zapatillas; la ovación que recibe, efectivamente, se parece a la de un concierto. Y lo que sigue no le va en zaga: durante casi una hora, el autor conversa como si estuviera en el living de su casa, repasando un trayecto que incluye ficciones escritas en trance, bloqueos creativos que parecían no terminar nunca y la biografía de Philip K. Dick que lo sacó del pozo.

“Una historia así de monstruosa en un punto tiene que ver con casi todos nosotros.”Emmanuel Carrère, sobre El adversario

Habla también de El adversario, el libro que escribió sobre Jean-Claude Romand, el hombre que mató a su familia para sostener durante años una mentira descomunal. Confiesa que abandonó el proyecto durante dos largos años antes de entender que esa historia le pertenecía. Y desliza una idea que parece atravesar toda su obra, una especie de divisa personal: en la escritura, dice, siempre hay que ir adonde uno no quiere ir.

La mañana previa en Eterna Cadencia

Horas antes, por la mañana, el mismo Carrère se había sentado en el bar de la librería Eterna Cadencia para una conferencia de prensa más íntima, aunque todavía con periodistas rodeándolo. Responde con frases breves, de semblante afable, casi amable. Le preguntan por la inteligencia artificial y la escritura, una cuestión que atraviesa a cualquier escritor hoy, y él responde con una media sonrisa que tiene algo de alivio y algo de ironía: dice que tiene la suerte de ser demasiado viejo para que sea su problema. La frase recorre la mesa y, con el correr de las horas, también las redes.

  • El adversario (2000): la historia real de Jean-Claude Romand y la mentira que ocultó un crimen.
  • De vidas ajenas (2011): el dolor como motor de una comunidad en crisis.
  • El Reino (2014): su vuelta a la fe cristiana y a la infancia.
  • Yoga (2020): el viaje a la India y una inesperada crisis sentimental.
  • V13 (2022): la mirada sobre el juicio por los atentados de París.
  • Koljós (2025): la memoria de su infancia y la despedida de sus padres, fallecidos en 2023.

Koljós, justamente, cierra por ahora ese arco: es el libro en el que Carrère mira hacia su propia infancia y reconstruye la vida de sus padres, a quienes perdió en 2023, con apenas meses de diferencia. La escritora Mariana, una vecina de 52 años que vive en Villa Crespo y se acercó hasta la Facultad de Derecho apenas salió de trabajar, me cuenta mientras esperamos en la fila que leyó a Carrère por primera vez hace más de una década, cuando una amiga le prestó El adversario, y que desde entonces no se perdió ninguno de los títulos que se publicaron en la Argentina. Hoy, me dice, la espera no le pesa. Cuando finalmente nos sentamos y las luces bajan, vuelve a hacer lo mismo: volver a leer a Carrère, volver a escucharlo, volver a esa mezcla tan suya de crudeza, humor y confesión.

El FILBA, mientras tanto, sigue dejando una postal que ya parece clásica: una franja de lectores dispuestos a hacer colas de varias cuadras y a reorganizar la agenda entera para no perderse a un autor. Para quienes esta vez se quedaron afuera, los libros de Carrère —todos editados en la Argentina por Anagrama— están en las mesas de las librerías de siempre, esperando en la próxima pila. A la salida, ya en la calle, una señora de Recoleta, de 61 años, levanta el ejemplar de Koljós que acaba de comprar y me dice, casi sin aliento: alguna vez hay que dejarse llevar por un libro así.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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