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A los 85, dos amigas de Texas ya recorrieron medio mundo y piensan en el próximo destino

Sandra Hazelip y Eleanor Hamby se conocieron en una misión humanitaria en Zambia, enviudaron y convirtieron los viajes en un proyecto compartido. Ahora planean una nueva etapa por Asia y América.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 3 min de lectura
A los 85, dos amigas de Texas ya recorrieron medio mundo y piensan en el próximo destino

El pueblo de Salado, en Texas, amanece con una calma que a esta hora del día parece de postal. En una de las casas de ladrillo claro, Sandra Hazelip, de 85 años, prepara el mate de la mañana mientras revisa, en una tablet, los mapas de una región que todavía no pisó: el sudeste asiático. A 96 kilómetros de allí, en otra localidad texana, Eleanor Hamby, también de 85, ordena en una carpeta las fotografías del último viaje que hicieron juntas. Hace pocas semanas se despidieron en el aeropuerto de Houston con una promesa que ya empieza a tomar forma de itinerario: Bután, Brunéi, Laos, Timor Oriental y Filipinas, y después, Chichén Itzá, en México.

Las dos se conocieron durante una misión humanitaria en Zambia, cuando todavía eran mujeres jóvenes con maridos vivos y muchos hijos a los que criar. Los años les fueron quitando a sus parejas y, al mismo tiempo, les fueron dejando algo que ninguna de las dos había imaginado al principio: una amistad tan firme como para sostener una valija compartida en aeropuertos de medio mundo. Hoy son madres, abuelas, bisabuelas y, sobre todo, viajeras. En los últimos años visitaron cerca de 50 países juntas. Eleanor, que es fotógrafa documental, lleva unos 130 en total a lo largo de su vida.

Una vuelta al mundo inspirada en Julio Verne

Cuando los hijos se fueron de la casa y la rutina se quedó sin el ruido de los nietos chicos, Sandra y Eleanor se plantearon un desafío que a los 81 años suena a provocación: una vuelta al mundo en 80 días, como la novela de Julio Verne. Ya habían hecho el Transiberiano juntas y varias pruebas de menor escala. Decidieron que era el momento de animarse. Lo cuentan, lo escriben, lo suben a redes y lo muestran en charlas: el viaje fue posible porque, dicen, sus familias las apoyaron mucho en la aventura. Aunque también admiten, con una media sonrisa, que algunas decisiones todavía generan alguna llamada preocupada de algún nieto.

Yo las vi, en un reportaje reciente, repasando mapas y riéndose de los controles migratorios que las tratan como cualquier otra pasajera. Sandra es médica y Eleanor, fotógrafa. Las dos hablan despacio, con esa cadencia texana que va envolviendo cada palabra. Y cada vez que nombran un país, se les nota el mismo brillo que tuvieron al regresar de Zambia, hace ya varias décadas.

“Quizás avancemos más despacio, pero no queremos que un número decida lo que podemos o no podemos hacer.”Sandra Hazelip y Eleanor Hamby

Lo que llevan en la memoria

  • Las pirámides de Egipto y un vuelo sobre el Himalaya que pasó por el Everest.
  • La Gran Barrera de Coral en Australia y la aurora boreal en Finlandia.
  • La isla de Pascua, el río Amazonas y las cataratas Victoria, en la frontera entre Zambia y Zimbabue.
  • En la Argentina, las Cataratas del Iguazú, una noche de tango, una jornada en un campo y una recorrida por el Cementerio de Recoleta.

Lo que más subrayan, eso sí, no es el monumento ni el paisaje. Es la gente. Dicen que los encuentros con personas locales suelen ocuparles un lugar más cálido que las fotos panorámicas. A los 85 años siguen subiendo escaleras, navegando en pequeñas embarcaciones, practicando snorkel y haciendo excursiones largas. Adapian el ritmo, nunca la decisión. Y ahora planean nuevos viajes, porque la lista de países pendientes, dicen, todavía pesa más que la de los ya visitados.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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