Antártida desde Ushuaia: la aventura empieza antes de subir al barco
El verano austral abre la ventana para cruzar el Pasaje de Drake y desembarcar en el continente más extremo del planeta. Un experto de Antarpply explica qué tener en cuenta antes de zarpar, cómo es la vida a bordo y por qué el clima siempre tiene la última palabra.

El viento pega de costado en el muelle de Ushuaia y el cielo se pone color plomo. Desde ese puerto, en el fin del mundo, salen cada temporada las expediciones que se animan a cruzar el Pasaje de Drake y poner el pie, por unas horas, sobre la Antártida. Pero la aventura, me dijo Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, empieza mucho antes de subir al barco.
Llegar con tiempo y llegar preparado
La primera recomendación parece sencilla y sin embargo ahorra muchos dolores de cabeza: llegar a Ushuaia uno o dos días antes del embarque. Una cancelación aérea, una conexión perdida, y el pasajero se queda en tierra mientras el buque se aleja. Después, conviene revisar el seguro de viaje y consultar con la operadora qué botas, qué pantalones impermeables y qué abrigo ya están incluidos: cada empresa maneja su política y no es lo mismo llegar con el cuerpo techado que quedarse corto frente a cinco grados bajo cero.
El Pasaje de Drake y la vida a bordo
No hace falta ser explorador ni montañista para embarcarse. Sí hace falta, en cambio, movilidad suficiente como para entrar y salir de los botes neumáticos Zodiac y caminar sobre rocas, nieve o barro. Para vestirse, la regla de oro es la de las capas: ropa interior térmica, un buzo intermedio y un rompevientos que frene el agua y el salitre. Esa misma lógica se aplica en los camarotes: los ubicados en las cubiertas bajas y cerca del centro del buque se mueven menos con el oleaje; los de arriba ofrecen mejores vistas pero también más balanceo.
La regla de oro: el clima siempre tiene la última palabra
El buque Ushuaia, con capacidad para 90 pasajeros repartidos en 46 cabinas y suites, cuenta con comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias. En esa última, durante la navegación por el Canal Beagle y la posterior entrada al Pasaje de Drake, el equipo de expedición brinda charlas sobre los paisajes, la fauna, la historia antártica y las estrictas pautas ambientales que rigen cada visita.
Desembarcos y fauna: qué se puede ver y qué no se puede tocar
Una vez en la Península Antártica, Antarpply procura organizar hasta dos salidas por día, de unas tres horas cada una, cuando el clima lo permite. Los Zodiac permiten acercarse a sectores costeros a los que el buque no puede llegar. Las actividades pueden incluir caminatas breves sobre el continente blanco y observación de témpanos, glaciares y fauna. Durante el verano austral es posible cruzarse con pingüinos, focas, aves marinas y cetáceos, aunque los avistamientos no están asegurados. Está prohibido tocar o alimentar a los animales y deben respetarse las distancias y los protocolos de bioseguridad.
La decisión final es del capitán
El viento, el oleaje o la presencia de hielo pueden modificar el recorrido previsto. Las decisiones finales corresponden al capitán del barco, que evalúa cada maniobra en función de la seguridad de pasajeros y tripulación. Esa es, quizá, la primera gran enseñanza de un viaje a la Antártida: el visitante no maneja los tiempos, los maneja el continente.
Datos útiles para armarlo
Antes de embarcar, despierta curiosidad. Estos son los puntos prácticos que conviene tener en el celular:
- Llegar a Ushuaia uno o dos días antes de la fecha de zarpe para evitar quedar afuera del embarque por una demora aérea.
- Contratar un seguro de viaje adecuado y confirmar con la operadora qué ropa técnica y botas están incluidas.
- Confirmar movilidad suficiente para subir y bajar de los botes Zodiac y caminar por superficies irregulares.
- Vestirse por capas: térmica, buzo intermedio y rompevientos impermeable.
- Elegir camarote bajo y centrado si se busca menor movimiento; elegir camarote alto si se prioriza la vista.
- Respetar los protocolos de bioseguridad y no tocar ni alimentar a la fauna.
- Aceptar que el clima puede cambiar el itinerario: la decisión final la toma el capitán.
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