Doce ficciones para una maratón: del vértigo del colapso a la calidez de Corfú
Una guía con propuestas que van del suspenso en parques eólicos a la comedia de la vida universitaria, pasando por conspiraciones, duelos y vínculos que dejan huella.

Tengo para mí que elegir qué serie mirar se volvió, en los últimos tiempos, una tarea casi tan agotadora como maratonearla. Por eso, cuando aparece una selección que cruza el suspenso con la comedia, el duelo con la amistad adulta y la vida universitaria, vale la pena detenerse a hojearla como si fuera el catálogo de una librería de barrio: con curiosidad y sin prisa. La propuesta reúne doce ficciones de distintos orígenes y formatos, pensada para lectores que todavía creen que una buena historia puede cambiar el ánimo de un martes cualquiera.
De lo breve a lo extenso: para todos los tiempos
La duración puede ser un buen punto de partida. El colapso ofrece ocho episodios de unos veinte minutos, rodados en plano secuencia, con relatos independientes sobre personas que intentan sobrevivir al derrumbe de la sociedad. Para quienes prefieran quedarse un rato largo en el sillón, Los Durrell tiene cuatro temporadas y sigue a una familia inglesa que se instala en la isla de Corfú, a partir de la autobiografía de Gerald Durrell. En el medio quedan propuestas como Todas las criaturas grandes y pequeñas, con seis temporadas en Yorkshire al ritmo del joven veterinario James Herriot.
- La ruta del dinero, producción danesa donde el hallazgo de un trabajador muerto en un parque eólico destapa prácticas empresariales turbias.
- Glue, creada por Jack Thorne, que lleva el misterio a un pueblo rural inglés: un cadáver bajo un tractor expone los secretos de un grupo de adolescentes.
- Utopia, de Dennis Kelly, donde un grupo de usuarios de un foro consigue el manuscrito de una novela gráfica que parece anticipar catástrofes, y una organización los persigue para quedarse con él.
Vínculos, pérdidas y personajes que se quedan
Los afectos atraviesan casi toda la selección. En The Virtues, Stephen Graham interpreta a Joseph, que vuelve a Irlanda para enfrentar un trauma de la infancia y reencontrarse con su hermana. Big Boys, en sus tres temporadas, trabaja el duelo desde la vida universitaria: Jack llega a la facultad después de un año en su casa tras la muerte de su padre y conoce a Danny, su compañero de habitación. Leonard y Hungry Paul, con Alex Lawther y Laurie Kynaston, se mueve entre una muerte, una boda y un romance que modifican las rutinas de sus protagonistas. Y para quien quiera quedarse en el universo del creador Russell T. Davies, quedan Queer As Folk, con tres hombres gays en Manchester, y Nolly, con Helena Bonham Carter como la estrella televisiva Noele Gordon. Cierra el recorrido Such Brave Girls, centrada en las hermanas Josie y Billy y su madre soltera.
Si me piden una recomendación honesta, confieso que arranco por El colapso, porque veinte minutos de plano secuencia bien contados valen por una noche entera de zapping. Después, sin dudarlo, El colapso de las Termópilas digo Los Durrell: coraje, corfú y una familia que se rearma entre cabras y medusas. Y si el ánimo pide otra cosa, Big Boys abraza como pocas veces se ha visto en pantalla. Como siempre digo, la serie correcta es la que aparece justo cuando uno la necesita.
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