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El ovario no se apaga después de la menopausia: cambia de función y envejece con el cuerpo

Un equipo de Estados Unidos mapeó más de 5.800 proteínas en tejido ovárico de mujeres de entre 50 y 75 años y comprobó que el órgano sigue activo décadas después de la última menstruación, aunque su tarea ya no sea la misma.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 3 min de lectura
El ovario no se apaga después de la menopausia: cambia de función y envejece con el cuerpo

Son las siete de la tarde en un pueblo de la provincia de Buenos Aires y, mientras se enfría el mate, Josefina, una vecina de 58 años, me cuenta que hace poco más de cinco dejó de tener menstruaciones y sintió como si el cuerpo le hubiera corrido un telón interno. Lo que la medicina viene confirmando en los últimos años es que ese telón no apaga las luces del todo. Yo me quedo pensando en cuántas mujeres de mi generación crecieron con la idea de que, después de la menopausia, los ovarios se vuelven una especie de estructura en reposo, casi decorativa, y cuánto falta todavía para que esa idea deje de circular en las conversaciones de cocina.

Qué encontró el estudio

Un trabajo publicado en la revista Aging Cell, llevado adelante por equipos de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, en Estados Unidos, puso la lupa sobre 28 muestras de tejido ovárico sin patología maligna, obtenidas de mujeres operadas por indicaciones benignas. Todas las donantes tenían entre 50 y 75 años y fueron separadas en tres franjas: de 50 a 59, de 60 a 69 y de 70 años en adelante.

Mediante espectrometría de masas, una técnica que permite identificar y cuantificar proteínas en una muestra, los investigadores mapearon 5.812 grupos de proteínas y los compararon entre los tres grupos. La conclusión más llamativa es que el ovario no entra en silencio biológico con la menopausia: modifica su patrón molecular y sigue trabajando, aunque ya no fabrique óvulos ni sostenga la producción hormonal de la juventud.

  • A mayor edad, aumentan las proteínas asociadas a la inflamación crónica y a la respuesta inmunitaria innata, es decir, la primera línea de defensa del organismo.
  • Se incrementan también las proteínas vinculadas al recambio de la matriz extracelular, la red de moléculas que da soporte y estructura a los tejidos.
  • Disminuyen las proteínas relacionadas con la arquitectura celular, los filamentos internos y las queratinas, que son proteínas estructurales clave.
  • En el grupo de 70 años o más se identificaron 117 proteínas con cambios relevantes respecto de las mujeres más jóvenes: 84 bajaron y 33 subieron.
  • El cuadro general describe un tejido que pasa de sostener su estructura a priorizar procesos de reparación y señalización.

Por qué importa más allá de la fertilidad

La investigadora Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y coautora del trabajo, fue clara al explicar el punto que más suele confundir. La pérdida de fertilidad está marcada por el agotamiento de los óvulos, dijo, pero eso no significa que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares, agregó, continúan durante las décadas posteriores a la menopausia, en una etapa de la vida que suele quedar fuera de los estudios ginecológicos.

“La fertilidad termina con el agotamiento de los óvulos, pero eso no quiere decir que el ovario deje de funcionar. Los cambios moleculares siguen ocurriendo décadas después de la menopausia.”Francesca Duncan, coautora del estudio, Northwestern

La pista del cáncer de ovario

El equipo también cruzó sus hallazgos con datos previos sobre cáncer de ovario y encontró que las muestras del grupo de 60 a 69 años presentan mayor presencia de algunas proteínas que habían sido vinculadas a ese tumor, justamente en una franja cercana a la edad mediana de diagnóstico, que se ubica cerca de los 63 años según registros internacionales. Los autores aclararon que ninguna de las muestras analizadas tenía signos de malignidad, de modo que la coincidencia no permite sacar conclusiones clínicas directas. Es, como me dijo una ginecóloga amiga, una pista para mirar con más cuidado, no un veredicto.

Vuelvo al pueblo, a la cocina de Josefina, y le pregunto qué le cambia saber que su ovario sigue activo. Me mira, se sirve otro mate y responde, con una media sonrisa, que la menopausia le había parecido durante años un punto final, y que ahora empieza a pensarla como un capítulo largo, con su propio ritmo. La ciencia, en este caso, parece darle la razón: el órgano no se apaga, se transforma, y entender esa transformación es también entender cómo envejecemos las mujeres en silencio.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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