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Viernes, 2 de octubre de 2026
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El pueblo donde una vecina de 62 me contó que recién se enteró de que tenía la presión alta

En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez no lo sabe. Una recorrida por los consultorios y los barrios muestra por qué medirse la presión de manera periódica puede cambiar el rumbo de la salud.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 3 min de lectura
El pueblo donde una vecina de 62 me contó que recién se enteró de que tenía la presión alta

Son las nueve de la mañana y el centro de salud de un pueblo del interior ya está lleno. Me acomodo en un rincón de la sala de espera, con el cuaderno apoyado en la falda, y observo cómo una mujer de delantal blanco llama por nombre a cada paciente. Cuando le toca el turno a Marta, una vecina de 62 años que conozco desde que cubría notas para el periódico local, la escucho decir, casi como confesión: «Vine porque el médico me dijo que me tenía que controlar la presión; yo me sentía bien, pero ya ve...». Marta tiene hipertensión y acaba de descubrirlo, como le ocurre a una porción enorme de los adultos argentinos que caminan por la vida sin saber que su presión está elevada.

En la Argentina, la hipertensión afecta a más de un tercio de los adultos mayores de 18 años, según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial. Se trata del 36,3 por ciento de la población adulta, lo que equivale a cerca de 12 millones de personas, de las cuales casi cuatro de cada diez desconocen que viven con esa condición. La cifra no es un dato menor: significa que, en cualquier plaza, en cualquier colectivo o en cualquier oficina, hay alguien con la presión alta que todavía no lo sabe.

Por qué la hipertensión se escapa del radar

Lo que más me llamó la atención, mientras recorría varios centros de salud para armar esta nota, es que la hipertensión suele ser silenciosa en sus primeras etapas. No avisa con dolor, no produce malestares obvios, no obliga a sentarse en una cama ni a llamar a una ambulancia. Por eso, esperar a que aparezca un síntoma es, en la práctica, dejar que el problema avance sin ser detectado. La única manera fiable de conocer los valores de presión arterial es medirlos, y hacerlo de manera periódica.

  • Reducir la cantidad de sal que se consume a diario.
  • Sostener una alimentación equilibrada, con verduras, frutas y legumbres.
  • Hacer actividad física de manera regular, acorde con la edad y el estado de salud.
  • Atender el estrés crónico, que también pesa sobre la presión arterial.
  • Realizar controles médicos periódicos y seguir el tratamiento cuando está indicado.

El panorama tampoco es alentador entre quienes ya están diagnosticados y reciben tratamiento: apenas alrededor del 44 por ciento logra mantener sus valores controlados. Es decir, no alcanza con saber que se tiene hipertensión; el segundo paso, mantener la presión dentro de los rangos adecuados, también es un desafío cotidiano. A escala global, el segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, estima que 1.400 millones de adultos viven con presión elevada y que solo uno de cada cinco la tiene controlada.

Con el tiempo, la hipertensión puede deteriorar las arterias y afectar órganos vitales, con consecuencias graves como infartos y accidentes cerebrovasculares, que en la Argentina encabezan las causas de mortalidad. Por eso, los controles periódicos son una herramienta central de prevención, accesible, rápida y al alcance de cualquier persona. Volviendo a la sala de espera donde empecé la mañana, veo a Marta salir del consultorio con la receta en la mano y una sonrisa tranquila. «Ahora ya sé lo que tengo», me dice mientras se acomoda el bolso. «Lo que me falta es hacerme amiga del tensiómetro», agrega. En esa frase está,la síntesis de lo que deja esta nota: la presión se mide, se controla y se cuida, antes de que el cuerpo lo cuente a su manera.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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