«Fackham Hall»: cuando la aristocracia británica se ríe de sí misma en una comedia de enredos y misterio
La ópera prima de Jim O'Hanlon, escrita en equipo con el humorista Jimmy Carr, parodia los dramas de época al estilo «Downton Abbey» y llega a la cartelera con un elenco que incluye a Tom Felton, Thomasin McKenzie y Emma Laird

«No hay nada más serio que una familia que intenta organizar una boda por conveniencia», sin compromiso. La frase podría resumir el espíritu de «Fackham Hall», que el público argentino conoce como «Un muerto a la hora del té», una comedia británica que toma las convenciones de los dramas de época más solemnes y los pone cabeza abajo de una guardia. Me reuní, por unas horas, con una película que se propone algo tan sencillo como difícil: hacer reír con los mismos recursos visuales y narrativos que usó Julian Fellowes para conmover en «Downton Abbey», y lo logra sin pedirle permiso a nadie.
Un aristócrata pierde la boda
El punto de partida es bien brutal. Una boda frustrada entre primos altera los planes de los Davenport, una familia aristocrática que ve en los matrimonios arreglados la única manera de sostener su patrimonio. Poppy, interpretada por Emma Laird, está por casarse con Archibald, el personaje de Tom Felton, aunque su corazón pertenece a otro joven de una escala social inferior. Así, la boda se cancela es el inicio de una cadena de enredos que pone en jaque a la familia y desata una trama de misterio con ecos de Agatha Christie.
- Thomasin McKenzie como Rose, la hermana menor de Poppy, cuya relación con un carterista desencadena el conflicto central.
- Ben Radcliffe como Eric Noone, el muchacho que llega a la mansión para entregar una carta y termina contratado como parte del servicio.
- Tom Goodman-Hill como el detective Watt, una versión desopilante de Hércules Poirot, encargado de esclarecer el crimen que da título a la película.
- Jim O'Hanlon en la dirección, responsable de la adaptación de «Emma» de 2009, y la película que marca su regreso al género.
- Jimmy Carr como parte del equipo de guionistas, artífice de un humor que combina juegos de palabras con comedia física.
Las reglas formales que endurecen la risa
La ambientación conserva el aspecto de los dramas históricos: pasillos inmensos, vajilla de porcelana, criados de librea y jardines cuidados hasta el último detalle. La solemnidad, sin embargo, queda en ridículo cada vez que los personajes abren la boca. La película subestima el protocolo y lo pone en escena al la vez, en una operación de cirugía que desarticula las jerarquías de la sociedad británica de principios del siglo XX con bisturí y con risa.
Entre los blancos de la parodia aparecen los casamientos entre parientes y el interés por mantener el patrimonio dentro de una misma familia, que la película trata como lo que era: una costumbre tan absurda como cruel. Rose y Eric funcionan como la contracara de esa lógica, y su romance termina por exponer las barreras que la película utiliza para construir sus situaciones cómicas. Las barreras sociales que atraviesan a la pareja son, a la vez, el motor del relato y el objeto de burla.
«Fackham Hall» dura 97 minutos y se sostiene sobre un guion colectivo que firma, entre otros, el humorista Jimmy Carr. Su propuesta recurre tanto a los juegos de palabras como a la comedia física, con escenas que llevan las formalidades de una mansión aristocrática al absurdo. La dirección de Jim O'Hanlon, responsable de la adaptación de «Emma» de 2009, le imprime ritmo y le saca partido a las maniobras del elenco. La búsqueda de respuestas comparte espacio con los intereses familiares y las reglas de convivencia de la mansión.
“El personaje del detective Watt retoma de manera exagerada rasgos de Hércules Poirot, el investigador creado por Agatha Christie, y convierte cada escena de interrogatorio en una excusa para el gag.”El material de prensa
Les cuento, entonces, como discreto cronista de la cartelera: soy Andrea Olivetti, Cultura y espectáculos, y les recomiendo esta película con la convicción de quien sale del cine con una sonrisa que no se va. Si les gustó «Downton Abbey», si rieron con «La favorita» o si simplemente tienen debilidad por las comedias británicas con acento impostado, dense el gusto. La sala se llama Fackham Hall y, por una vez, la aristocracia inglesa es la que paga los platos rotos de la risa. Les recomiendo ir: la sala está servida, y el té, con mi firma.
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