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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Jonathan Lipnicki, el nene de Jerry Maguire que se animó a lo oscuro junto a Robert Pattinson

El actor que se ganó un Critics' Choice Award con once años debuta en Venecia con un thriller sobre los operativos televisivos del periodista Chris Hansen, y habla sin vueltas del desnudo frontal y del peso de dejar atrás al niño que fue.

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Andrea OlivetoCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Jonathan Lipnicki, el nene de Jerry Maguire que se animó a lo oscuro junto a Robert Pattinson

"Había rezado por un material oscuro", dice por estos días Jonathan Lipnicki, y uno no puede evitar pensar que la frase resume, sin querer, una carrera entera. A los seis años lo vimos con la frente arrugada y los ojos enormes como monedas en Jerry Maguire, la película de Cameron Crowe que en 1996 le cambió la vida y le valió un Critics' Choice Award y un Young Artist Award. Después llegó Stuart Little, el ratoncito blanco que recaudó cerca de 300 millones de dólares en todo el mundo y tuvo su secuela, y de golpe, sin que nadie se lo pidiera, el mundo dejó de verlo como un nene prodigio y empezó a preguntarse dónde se había metido.

Hoy Lipnicki tiene 35 años y, según sus propias palabras, venía pidiendo a los guiones que lo obligaran a incomodar a la audiencia. Lo escuché decirlo en la previa de Venecia y me pareció un acto de coraje poco frecuente: asumir que el público te encasilló y, en lugar de quejarse, pedirle a la industria que lo castigue un poco. Esa búsqueda lo depositó en Primetime, el thriller psicológico que Lance Oppenheim presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde la película recibió una ovación de siete minutos, una de esas demostraciones que en la Mostra suelen decir más que cualquier crítica.

La película y el caso real

Primetime gira en torno a los operativos televisivos que hicieron famoso al periodista Chris Hansen. La mecánica era simple y turbadora a la vez: adultos que se hacían pasar por menores en chats en línea, cámaras ocultas y la llegada del conductor al momento en que el sospechoso pretendía concretar el encuentro. La historia de Oppenheim, que hasta ahora se había dedicado casi exclusivamente al documental y acá debuta en la ficción, se apoya en hechos reales y en el trasiego de un formato que mezclaba investigación periodística, operativos policiales y la siempre incómoda búsqueda de rating.

El casting es lo que vuelve a Primetime unarareza: Robert Pattinson se pone en la piel de Hansen, y Lipnicki interpreta a uno de los hombres que caen en la trampa. La película muestra, en off, ese instante exacto en el que la pantalla se prende y ya no hay forma de volver atrás. Para un actor que creció frente a las cámaras, meterse en el lado menos luminoso de ese espejo parece un paso buscado a propósito, y él lo reconoce: lo que más le interesó fue la incomodidad, el riesgo de perder la simpatía que su infancia en Hollywood le había regalado.

  • La escena del desnudo frontal le resultó más intimidante que una similar que había hecho en la obra teatral Lost Girls, por el peso moral del personaje que le tocó componer.
  • De todas las películas en las que actuó Lipnicki como adulto, apenas dos llegaron a los cines, y Primetime es la segunda.
  • La película se presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia y se llevó una ovación de siete minutos, una de las más comentadas de la jornada.

Les voy a ser sincera: la primera vez que vi el nombre de Jonathan Lipnicki asociado a un personaje así, sentí un pequeño vértigo. Es la misma sensación que me invade cada vez que un actor al que recuerdo de mi infancia se anima a romper el álbum de fotos. Pero también es, me parece, la mejor noticia posible para cualquiera que crea que el cine de Hollywood todavía puede dar sorpresas. Si la historia de Lipnicki enseña algo, es que detrás del nene prodigio suele haber un adulto paciente, dispuesto a esperar décadas hasta que llegue el papel que de verdad lo obligue a crecer. Recomiendo seguir de cerca la trayectoria de Primetime, porque su paso por Venecia dejó la sensación de que todavía hay terreno por explorar.

AO
Andrea OlivetoCultura y espectáculos

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