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Una canción conocida en el momento justo puede ser la diferencia entre aguantar o sufrir una punción

Un estudio del Hospital Universitario de Zúrich con más de 200 pacientes comprobó que la música preferida de cada persona el dolor durante la inserción de una vía intravenosa. La música de relajación, en cambio, no ofreció ventajas frente al silencio.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · · 4 min de lectura
Una canción conocida en el momento justo puede ser la diferencia entre aguantar o sufrir una punción

Son las nueve de la mañana en la sala de espera de un centro de imágenes y la gente hojea revistas aburridas mientras espera su turno para una resonancia. Pocos imaginan que lo que lleven puesto en los auriculares mientras les clavan la aguja puede cambiarles la experiencia de manera concreta. Eso fue lo que se preguntó un equipo del Hospital Universitario de Zúrich y lo que terminó de responder con un estudio clínico que acaba de publicarse en la revista Frontiers in Pain Research: la música preferida de cada paciente logró reducir el dolor de la punción intravenosa de forma significativa, mientras que la famosa música de relajación no corrió con la misma suerte.

El trabajo reunió a más de doscientos pacientes que debían recibir un contraste por vía intravenosa antes de una resonancia magnética. Los organizadores los dividieron en cuatro grupos bien definidos: un primer grupo sin música, un segundo que escuchaba la canción o el artista favorito de cada persona, un tercero que escuchaba a Mozart y un cuarto al que se le puso música de relajación. A todos se les pidió calificar el dolor en una escala del uno al diez en cuatro momentos clave: antes del pinchazo, durante el procedimiento, a los treinta segundos y a los dos minutos de terminado.

Lo que sintieron los pacientes

La diferencia se notó en la pausa siguiente, cuando el algodón con alcohol ya se estaba secando en el brazo. Quienes escucharon su música preferida reportaron menos dolor tanto a los treinta segundos como a los dos minutos posteriores a la inserción de la vía. Quienes escucharon a Mozart también mostraron alivio, aunque solo entre los que llegaron al estudio con algún dolor de base. El cuarto grupo, el de la música de relajación, terminó sintiendo un nivel de molestia parecido al de quienes no habían escuchado nada.

“La música favorita manifestó un efecto significativo de reducción del dolor tanto en pacientes con como sin dolor basal”Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del Hospital Universitario de Zúrich

La investigadora principal, la doctora Meritxell Garcia Alzamora, consultora senior en radiología del mismo hospital, lo resumió en diálogo con la prensa especializada. Garcia Alzamora además explicó por qué la música de relajación no funcionó como muchos esperaban: suele tener un ritmo lento, un volumen bajo y muy pocas variaciones, combinación que termina por hacer que el oyente la ignore y la deje en segundo plano.

El estudio dejó en claro un punto que no es menor: el beneficio se sostiene incluso en quienes ya tenían dolor antes de la punción, no solo en los que llegaban sin molestias. Para los autores, el mecanismo más probable es lo que llaman distracción activa. Una melodía conocida pide atención, despierta recuerdos y emociones, y ese pequeño trabajo mental termina compitiendo con la señal de dolor que viaja hacia el cerebro.

Lo que falta investigar

El equipo reconoce que el trabajo se limitó a punciones cortas y a un contexto muy concreto, y que todavía no se puede extrapolar el resultado a procedimientos más largos o más dolorosos. El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del hospital, señaló que el próximo paso es comparar la música con la simple presencia de alguien que converse con el paciente, porque la compañía humana en sí misma podría tener un efecto tranquilizador y sería interesante separar qué parte del beneficio viene del sonido y qué parte del vínculo.

  • Más de 200 pacientes participaron en el estudio, divididos en cuatro grupos: silencio, música favorita, Mozart y música de relajación.
  • Los pacientes calificaron el dolor en una escala del uno al diez en cuatro momentos: antes, durante, a los 30 segundos y a los 2 minutos de la punción.
  • La música favorita redujo el dolor de manera significativa en pacientes con y sin dolor previo.
  • Mozart redujo el dolor solo en los pacientes que ya tenían dolor basal.
  • La música de relajación no ofreció diferencias frente al silencio.

Vuelvo a la sala de espera del comienzo, esa donde la gente hojea revistas con cara de pocos amigos antes de pasar a la resonancia. La próxima vez que me toque a mí, o a cualquier lector de a sesenta años que tenga que enfrentar una vía intravenosa, vale la pena llegar con los auriculares cargados con la canción que más le gusta. No cuesta nada, no tiene efectos secundarios y, según acaba de comprobar la ciencia, puede ser el analgésico más simple que tengamos a mano.

CP
Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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