Una pista en la sangre que se enciende años antes de que la enfermedad aparezca en el cuerpo
Un estudio internacional descubrió que el sistema inmunológico empieza a dar señales de alerta mucho antes de que la enfermedad inflamatoria intestinal se manifieste. El hallazgo abre la puerta a pensar en detección temprana, aunque todavía falta camino por recorrer.

Estoy parada en la plaza central de un pueblo chico del interior donde todo el mundo se conoce, y mientras los chicos corren alrededor de la fuente, una vecina me cuenta que su marido pasó más de cinco años peregrinando de consultorio en consultorio antes de que un médico le pusiera nombre a lo que le pasaba en la panza. Diarreas que no se iban, cansancio que no se explicaba, una pérdida de peso que asustaba. Hasta que un día llegó el diagnóstico: enfermedad de Crohn. Cada vez que escucho una historia así, pienso en cuán distinto podría haber sido todo si en algún análisis de rutina de aquellos años alguien hubiera visto venir lo que se venía.
Eso es justamente lo que empieza a dibujar un trabajo publicado en la revista Gut y presentado en la última reunión de la Sociedad Europea Unida de Gastroenterología. La investigación siguió durante años a 500 personas a partir de 2.000 muestras de suero guardadas en biobancos, y comparó lo que ocurría en la sangre de quienes terminaron desarrollando enfermedad inflamatoria intestinal con lo que pasaba en quienes se mantuvieron sanos. Del total, 200 participantes fueron luego diagnosticados con Crohn, otros 200 con colitis ulcerosa y 100 conformaron el grupo de comparación.
Señales inmunitarias que se adelantan una década
El dato más llamativo es que esas señales no aparecieron sobre la hora, sino mucho antes. En quienes después desarrollaron Crohn, los investigadores detectaron una cantidad mayor de anticuerpos contra el virus de Epstein-Barr y contra unas proteínas llamadas flagelinas, presentes en ciertas bacterias. Esas marcas estaban en la sangre hasta diez años antes del diagnóstico, y fueron más marcadas en personas que luego tuvieron las formas más complicadas de la enfermedad o con compromiso del final del intestino delgado.
En el caso de la colitis ulcerosa, el perfil fue diferente, con respuestas contra distintos microorganismos y también contra componentes del propio cuerpo, incluidos anticuerpos contra una proteína llamada MADD, asociada a procesos inflamatorios. Esto refuerza algo que los especialistas vienen sospechando hace tiempo: aunque Crohn y colitis ulcerosa comparten nombre y algunos síntomas, son dos enfermedades con recorridos inmunológicos distintos, y por eso probablemente necesiten aproximaciones diagnósticas y terapéuticas diferentes.
“No estamos diciendo que una infección cause la enfermedad, sino que el sistema inmunológico ya está reaccionando de manera diferente mucho antes de que el paciente sienta nada. Si aprendemos a leer esas señales, vamos a poder actuar antes.”Equipo de investigación publicado en Gut
Qué cambia para los pacientes que hoy peregrinan
El estudio también observó que la variabilidad de los anticuerpos crecía unos cuatro años antes del diagnóstico en ambos grupos, lo que sugiere una reorganización del sistema inmunitario en las etapas previas a la enfermedad. La técnica utilizada, llamada PhIP-Seq, permitió rastrear respuestas contra más de 357.000 fragmentos de proteínas de bacterias, virus, alimentos y del propio organismo, una escala enorme para este tipo de análisis.
Salgo de la plaza con la sensación de que la ciencia, cuando se toma su tiempo, termina devolviendo respuestas que pueden cambiar la vida de mucha gente. Pienso en aquella vecina que me contó lo del diagnóstico tardío de su marido, en las idas y vueltas que podrían haberse evitado, y en que cada hallazgo como este acerca la chance de que, en unos años, un simple análisis de sangre pueda advertirle a alguien lo que todavía no siente. Todavía falta, sí, pero la pista ya está en la mira.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



