Una ventana abierta a la paternidad: el primer autotrasplante de tejido testicular en el Reino Unido reaviva la esperanza de un joven argentino del futuro
El procedimiento, todavía experimental, se realizó en Edimburgo y busca demostrar que las células madre guardadas antes de una quimioterapia pueden volver a fabricar espermatozoides. En el país todavía hay un debate pendiente sobre cómo se preserva la fertilidad masculina.

Volví a Pringles, el pueblo donde me crié, la semana pasada y me encontré con Marta, una vecina de 54 años que vende pan casero en la esquina de siempre, y mientras le alcanzaba el sobre con la harina me preguntó algo que me dejó pensando: "Claudia, ¿es verdad que ahora se le puede devolver a un pibe la posibilidad de ser padre después de pasar por una quimio tan brava?". Le dije que sí, que existe un procedimiento experimental que todavía está dando sus primeros pasos, pero que la idea central es tan concreta como esperanzadora: guardar tejido testicular antes de los tratamientos más agresivos y reimplantarlo después, cuando el cuerpo ya está limpio. Le conté que la novedad más reciente llegó desde el Reino Unido, donde un joven de 19 años se convirtió en el primer paciente en recibir un autotrasplante de tejido testicular congelado tres años antes de someterse a una quimioterapia de alta intensidad. Le dije a Marta que me siguiera, que la historia vale la pena contarla con tiempo.
Lo que se publicó estos días en los medios británicos es, en pocas palabras, un paso clínico inédito dentro del sistema público de salud del Reino Unido, el NHS. El joven, cuya identidad se mantiene en reserva, había guardado una muestra de tejido testicular en 2023, antes de recibir un trasplante de médula ósea para tratar un trastorno sanguíneo grave. La quimioterapia que exigía ese procedimiento podía dañarle la fertilidad de manera definitiva, así que el equipo médico le ofreció preservar ese material como un seguro a futuro. Tres años después, los análisis confirmaron que no producía espermatozoides, y entonces el equipo del NHS Lothian junto con científicos de la Universidad de Edimburgo decidió reimplantar parte del tejido conservado. La intervención se hizo en agosto de 2026.
Células madre que esperan la señal para volver a fabricar espermatozoides
La lógica del procedimiento es bastante sencilla de explicar, y acá me detengo porque creo que vale la pena entenderla. El tejido testicular contiene unas células llamadas células madre espermatogoniales, que son las precursoras que, a partir de la pubertad, dan origen a los espermatozoides. Lo que se hace es conservar ese tejido por congelación antes de la quimioterapia y, cuando el paciente ya se recuperó, reimplantarlo en el mismo organismo con la hipótesis de que esas células puedan reactivarse dentro del testículo y reanudar la producción. En criollo: se guarda una semilla, se espera a que pase la tormenta y después se la vuelve a plantar en el mismo lugar.
“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente de 19 años, cuya identidad se mantiene en reserva
Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo de la Universidad de Edimburgo y responsable del equipo, fue muy claro al hablar con la prensa: la técnica todavía debe demostrar que permite obtener espermatozoides y, sobre todo, que esos espermatozoides conduzcan a nacimientos de manera segura y repetible. No es un éxito asegurado, es un ensayo clínico, y los propios médicos lo definen así. Ocho meses después del trasplante, el equipo retirará y analizará una porción del tejido implantado para verificar si hubo espermatogénesis, es decir, si el cuerpo volvió a fabricar espermatozoides por su cuenta.
Los pasos que vienen y por qué todavía no hay un nacimiento confirmando que la técnica funciona del todo
- Primero, el equipo médico implantó en agosto de 2026 fragmentos de tejido testicular que el paciente había guardado congelado en 2023, antes de la quimioterapia.
- En los próximos ocho meses se controlará si las células madre vuelven a producir espermatozoides dentro del testículo reimplantado.
- Si aparecen espermatozoides, se analizará si son aptos para técnicas de reproducción asistida.
- En pacientes con antecedentes oncológicos se exige además descartar que el tejido reimplantado contenga células malignas, mediante histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares.
- Recién después de todos esos pasos se podrá pensar en la posibilidad de un embarazo y un nacimiento, algo que aún no se logró en el mundo a partir de esta técnica.
Hay un antecedente importante que me parece justo mencionar, porque muestra que la idea no nació ayer. En Bélgica se realizó un ensayo previo que ofrece la primera señal en humanos: un hombre de 27 años cuyo tejido había sido congelado a los 10 años produjo espermatozoides maduros luego de que se reimplantaran fragmentos 16 años después. Hasta ahora no se comunicó una fecundación ni un nacimiento a partir de ese material, así que la experiencia británica hereda la pregunta sin respuesta: ¿se llega efectivamente a un bebé sano con espermatozoides producidos por tejido reimplantado?
Qué pasa en la Argentina con la preservación de la fertilidad
Le conté a Marta que, mientras tanto, en la Argentina la Ley 26.862 incorpora al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos, lo que en la práctica significa que un varón que vaya a recibir tratamientos que puedan dejarlo infértil tiene derecho a acceder a la preservación. La norma convive con un debate todavía abierto sobre cómo se garantiza el acceso real en cada provincia y en cada obra social o prepaga, y con la necesidad de que los equipos oncológicos ofrezcan esta posibilidad a tiempo, antes de la primera sesión de quimioterapia. El caso inglés, pese a estar todavía lejos de un resultado definitivo, vuelve a poner el tema sobre la mesa: la fertilidad futura de un joven que pelea contra un cáncer no puede quedar librada al azar ni al después.
Antes de despedirnos, en la cocina de Marta mientras el pan se cocinaba y el café se enfriaba, le dije algo que me parece importante para cerrar esta columna. Todavía no sabemos si la técnica va a funcionar del todo, si el joven de 19 años llegará a ser padre biológico o si hará falta una fecundación asistida para lograrlo, y los propios médicos así lo reconocen. Pero que un hospital público haya decidido probar este camino con un paciente cuya historia clínica es durísima me parece, en lo personal, una buena noticia: es la prueba de que la medicina ya no piensa solo en curar hoy, sino también en cómo vivirá esa persona dentro de diez, veinte o treinta años. Le di un beso a Marta, agarré el pan y me volví a casa pensando que a veces las noticias más grandes llegan envueltas en un sobre de harina, en una pregunta en la puerta de casa, en la duda de un padre o una madre que todavía cree, como yo, que cada paciente merece que se le abran todas las puertas posibles.
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