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Volver a moverse sin apuro: la mirada de un kinesiólogo sobre el regreso al entrenamiento

Emiliano Gallegos advirtió que muchas personas son "sedentarias que hacen deporte" y pidió planificar la vuelta al ejercicio con evaluación previa, técnica cuidada y pausas activas durante la jornada.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos · 28 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Son las nueve de la mañana en un pueblo todavía medio dormido y, mientras la mayoría de los vecinos toma el primer café mirando el celular, hay quienes empiezan a notar que el cuerpo les pasa factura. Esa escena, que se repite en muchos pueblos del interior y también en los barrios de las ciudades, es el punto de partida para entender de qué habla el kinesiólogo Emiliano Gallegos cuando dice que, muchas veces, no somos personas activas que hacen deporte, sino gente sedentaria que entrena un rato y después pasa el resto del día sentada frente a una pantalla.

Lo dijo con una frase que resume toda su mirada sobre el tema: "Nos consideramos no sedentarios, pero muchas veces somos sedentarios que hacen deporte". La definición no es un reproche, sino una invitación a revisar qué hacemos con el cuerpo más allá del rato que dedicamos al entrenamiento.

Pausas activas: moverse en los intersticios del día

Para quienes trabajan ocho horas sentados, el especialista propuso incorporar pausas activas con movimientos simples, casi invisibles, que se cuelan en la rutina. La idea no es agregar una obligación más, sino sumar oportunidades de moverse dentro de una jornada que suele ser muy quieta.

  • Usar las escaleras en lugar del ascensor, incluso para subir uno o dos pisos.
  • Aprovechar la preparación del café para hacer algunas sentadillas delante de la mesada.
  • Levantarse cada cierto rato mientras se trabaja frente a la computadora.
  • Caminar hasta el kiosco o la panadería en lugar de pedir delivery para todo.
  • Aprovechar llamados telefónicos para pararse y moverse en lugar de quedar sentado.

Son pequeños gestos que, sumados, cambian el balance del día. No reemplazan al entrenamiento, pero sí descomprimen las horas de sedentarismo.

Evaluar antes de cargar la mochila del gym

Evaluar antes de cargar la mochila del gimnasio

Antes de hablar de series, repeticiones o pesos, Gallegos puso un paso previo que suele saltearse: la evaluación individual. Para él, no hay punto de comparación válido entre dos personas que arrancan a entrenar sin haber pasado por esa instancia.

“Lo fundamental es hacer una evaluación, preguntar por los hábitos y, a partir de eso, planificar.”Emiliano Gallegos

Esa evaluación es la que permite saber desde qué lugar se vuelve a la actividad. No es lo mismo quien ya entrenó alguna vez y dejó hace meses que quien se inicia desde cero. Tampoco es lo mismo una persona joven, sin lesiones, que alguien que arrastra dolores de vieja data o que arrastra el cuerpo después de jornadas largas de oficina.

Tres veces por semana, con progresión y técnica

A partir de ese diagnóstico, el kinesiólogo organizó su propuesta. La frecuencia recomendada ronda los tres entrenamientos semanales. La intensidad, en cambio, debe empezar baja e ir subiendo de a poco, acompañando la adaptación del cuerpo y sin apurar los tiempos.

En ese esquema, la técnica ocupa un lugar central. "Lo más importante es la técnica del ejercicio, no la carga, para no lesionarse", sostuvo Gallegos. La prioridad pasa por aprender a moverse bien antes de sumar kilos a la barra o a la máquina. La cantidad de peso queda subordinada a cómo se ejecuta cada repetición.

El fantasma del verano y las ganas de apurarse

El fantasma del verano y las ganas de apurarse

Hay algo que el kinesiólogo conoce bien y que se repite cada año: la cercanía del verano y la presión social por verse "listo" para esa época. Esa búsqueda de resultados rápidos suele empujar a retomar o intensificar la actividad de manera apresurada, algo que, según explicó, las estructuras corporales no toleran sin consecuencias.

Por eso, insistió en iniciar con ejercicios básicos antes de incrementar la dificultad. La progresión no es un capricho: es la forma en que músculos, articulaciones y tendones se adaptan a las cargas sin romperse en el intento.

La rutina no termina cuando se deja la última pesa. Gallegos mencionó la importancia de cerrar cada sesión con una vuelta a la calma y estiramientos. Es el momento en que el cuerpo registra lo trabajado y empieza a recuperarse.

Su recomendación, en definitiva, combina dos ejes: una progresión cuidada dentro del entrenamiento y más movimiento cotidiano afuera de él. Volver a moverse, según su mirada, no es una carrera contra el calendario sino un proceso que se construye día a día, también en esos ratos muertos entre una reunión y un café. Yo, mientras lo escuchaba, no pude dejar de pensar cuántas horas paso sentada frente a la pantalla y cuántas veces confundí entrenarme un rato con estar activa todo el día. Como me dijo Marta, una vecina de 54 años con la que hablé después: "Yo voy al gimnasio tres veces por semana y después me siento diez horas en la oficina, pensaba que estaba haciendo todo bien". Después de escuchar a Gallegos, ya no está tan segura.

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Claudia PeraltaSociedad y pueblos

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