Cuatro puentes en Alemania para una escapada de fin de semana largo: cómo armarlo desde Erfurt, Kromlau, Bastei y Hunsrück
Desde una construcción medieval con casas arriba hasta una pasarela colgante a 100 metros de altura: cuatro puentes alemanes invitan a escapadas con combinaciones de tren, ferry y colectivo. Una guía con tiempos, recorridos y qué conviene saber antes de salir.

Le confieso una debilidad: cada vez que planifico una escapada, termino buscando puentes. Hay algo en esas estructuras que resume lo que uno espera de un viaje, una mezcla de ingeniería, paisaje y, por qué no, una buena foto. Alemania, que no es casualidad: tiene un país donde conviven castillos medievales y pasarelas colgantes modernas, ofrece al menos cuatro que se pueden visitar en una salida de fin de semana desde las grandes ciudades. Desde Erfurt, Kromlau, Bastei y Hunsrück se arman itinerarios bien distintos: urbanos, boscosos, rocosos o de vértigo puro. Lo que sigue es lo que fui encontrando para que cada uno elija el que más le pinta.
Erfurt y el puente de los Mercaderes: casas arriba del río
Quien prefiera caminar por una ciudad antes que trepar senderos tiene una cita obligada en Erfurt, capital de Turingia. Ahí está el Krämerbrücke, conocido como el puente de los Mercaderes: 125 metros de piedra sobre el Gera con 32 viviendas encima, una rareza que no se ve en cualquier lado. La versión original era de madera y se quemó varias veces; la actual se reconstruyó en piedra hacia 1325, así que no es nueva, ni falta que hace. Para bajar a tierra firme: el tren desde Leipzig llega en unos 45 minutos y desde Berlín el viaje toma alrededor de una hora y 40 minutos. La salida bien puede arrancar por la Colina de la Catedral y la Ciudadela de Petersberg, dos paradas que están a pocos pasos. Y si queda tiempo, vale la pena asomarse al Monasterio de San Agustín, donde vivió Lutero: ese claustro tiene una calma que, no sé por qué, a mí siempre me abre el apetito. Para comer, yo me inclino por el Zum Güldenen Krönbackofen, en la propia Krämerbrücke: comer mirando el río y con la fachada medieval justo enfrente es de esas cosas que no se olvidan. Abre mediodía y noche, conviene reservar en temporada alta.
Bastei: roca, Elba y un puente con vistas
Si lo que seduce es la montaña, Bastei es la parada. Queda a unos 50 kilómetros de Dresde y su puente de piedra, con 76,5 metros de largo y 40 de altura, se sostiene sobre las agujas de arenisca del llamado Parque Nacional de la Suiza Sajona. La construcción actual, con siete arcos, data de 1851 y reemplazó a una pasarela de madera de 1824. Desde sus miradores se ven la meseta de Lilienstein y la fortaleza de Königstein, un cruce de paisaje y memoria que impresiona. Para llegar desde Dresde hay que tomar el S-Bahn hasta Kurort Rathen, unos 40 minutos, y cruzar después el Elba en ferry: ese tramo breve sobre el río ya es parte del paseo. Conviene madrugar; entre semana hay menos gente y la luz de la mañana sobre la piedra es otro regalo.
Geierlay: caminar a 100 metros de altura
Para los que gustan del vértigo, la tercera parada es Geierlay, en la región de Hunsrück. Es un puente colgante de 360 metros de largo, elevado a 100 metros sobre el valle del río Hörschelbach. Se terminó en 2015, tiene pasarela de tablones de abeto Douglas y un diseño inspirado en los puentes colgantes de Nepal, que no es poco detalle. La advertencia práctica: Mörsdorf, el pueblo cercano, no tiene estación de tren, así que hay que combinar el servicio regional desde Frankfurt con un colectivo. El total ronda las tres horas de viaje. El esfuerzo se compensa con creces: una vez arriba, la caminata se vuelve un ejercicio de contemplación y, admitámoslo, de selfie-cordero. El entorno tiene senderos bien mantenidos, por si después del cruce alguien busca por la zona y se queda dando unas vueltas.
Kromlau y Rakotz: el puente que solo se mira
La cuarta opción cambia las reglas del juego. En Kromlau, Sajonia, está el Rakotzbrücke: un arco de basalto de 20 metros construido en 1860 que, al reflejarse en el agua, completa un círculo perfecto. El puente está dentro del parque de 200 hectáreas que mandó diseñar el conde Friedrich Hermann Rötschke, así que el paseo ya empieza mucho antes de llegar al lago. Eso sí: está prohibido cruzarlo porque la estructura es frágil y es preferible contemplarlo desde la orilla, esa foto típica sale igual, se los aseguro. Desde Berlín hay que tomar un tren hasta Weißwasser, con transbordo en Cottbus, unas dos horas en total, y luego subirse al Waldeisenbahn Muskau, un ferrocarril de trocha angosta que en 20 minutos deja al visitante en la puerta del parque. Quien quiera quedarse para hacer vivir: la excursión completa, con picnic, ocupa una jornada entera.
- Erfurt (Krämerbrücke): puente con viviendas, base en Leipzig o Berlín. Ideal para una jornada urbana con la Colina de la Catedral y la Ciudadela de Petersberg.
- Bastei: puente rocoso sobre el Elba, base en Dresde. Combinación de tren S-Bahn y ferry. Recorrido de medio día a día completo.
- Geierlay: puente colgante a 100 metros, base en Frankfurt. Tres horas combinando tren y colectivo. Para quienes gustan de la altura.
- Kromlau (Rakotz): arco de basalto reflejado, base en Berlín. Tren regional y ferrocarril histórico de trocha angosta. Se observa, no se cruza.
Como ve, cada puente propone un ritmo distinto. Está la urgenia medieval, la urgencia del vértigo, la urgencia rocosa y la urgencia fotográfica. Lo que tienen en común es que, con un poco de planificación, cualquiera de los cuatro puede convertirse en el eje de un viaje memorable. Le cuento lo que siempre les digo a los amigos: armen la base en una ciudad grande, usen el transporte público y déjense llevar. Alemania está conectada; preguntaréis por dónde, y yo les responderé: por cualquiera de estos cuatro puentes. Anímense, que el próximo finde largo puede ser el indicado.
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